Por: Erik Sandoval
Los dos años del gobierno encabezado por Andrés Manuel López Obrador han sido de mucho contraste. El primero estuvo marcado por el impulso popular con el objetivo claro de echar a andar al gran elefante reumático que habían dejado los años de corrupción y mala administración, empezar a sentar las bases administrativas que permitirían el inicio de la Cuarta Transformación y por supuesto, iniciar por cumplir los objetivos de lucha que marcaron el rumbo del actual Presidente. En el segundo año, complicado por factores que escapan cualquier planeación, la pandemia vino a poner al mundo de cabeza y replantear muchas preguntas; sin embargo, ante tan lamentable situación este gobierno mostró su humanismo y se condujo bajo ese estandarte, que resulta el mismo bajo el cual ha sugerido la necesidad de transformar este país.
Ante la presión de los dueños del dinero para que nuevamente se vieran beneficiados ante una situación de crisis, como ocurría en gobiernos anteriores, este proyecto transformador optó sin dilación alguna por salvaguardar a quienes menos tienen, fiel a sus principios y mostrando que la frase “por el bien de todos, primero los pobres” no es solo un slogan de campaña, sino una guía para este gobierno. La derecha mexicana, en todas sus expresiones, ha visto en las políticas implementadas una visión contraria a su propia concepción del poder lo que le genera un conflicto permanente, no solo con Andrés Manuel López Obrador, sino con la mayoría de la población mexicana que ya no ve en el modelo de la derecha una opción viable para conducir este país.
Pasa entonces que a dos años las contradicciones se hacen más visibles y, aunque los conservadores intenten acusar al Presidente de polarizar el discurso, no hay duda de que esas contradicciones han existido siempre solamente que, para ellos -dueños de todo-, la visión de los jodidos y de los olvidados del sistema no cabía en su discurso, dirigido hacia el sector privilegiado. Les duele que los programas sociales se hayan elevado a rango constitucional, que se esté recuperando el sureste mexicano, que la juventud esté en las prioridades del gobierno, que los contratos ya no pasen por su aprobación, que no pueden meterle mano al erario para mantener su mal habida opulencia y, sobre todo, que este sea un gobierno popular con alto, muy alto grado de legitimidad.
Este ha sido, como él mismo lo ha expresado, el Presidente más atacado por los medios voraces que han lucrado por tanto tiempo con la información, aquellos que callaron antes los abusos del poder y que no conciben no ser los generadores de las notas, sino que Andrés Manuel López Obrador marque la pauta y la agenda. Eso también es un logro: romper el cerco mediático al que fuimos sometidos durante mucho tiempo y democratizar la información para someterla al escrutinio público y ponerla al alcance de los más. En la batalla de las ideas y el relato se tiene que avanzar de la mano con los hechos para lograr profundizar y enraizar la Cuarta Transformación.
Hace dos años celebramos el triunfo del Pueblo sobre el anacrónico régimen neoliberal. Hoy celebramos con hechos que sirven para testificar el avance; hace dos años acompañamos a Andrés Manuel López Obrador a tomar legítima posesión de la banda presidencial; hoy, en la defensa del proyecto más importante de los últimos tiempos en nuestro país. Desde antes, pero sobre todo ahora, ¡ES UN HONOR ESTAR CON OBRADOR!
@erikwanza
Activista político y cultural en diversos colectivos de promoción, creación y difusión cultural a nivel regional, estatal y nacional. Actualmente en funciones organizativas y administrativas en la Escuela de Cuadros Gral. Felipe Ángeles (INFP) y coordinador editorial de Regeneración Hidalgo.


