Ciudad de México a 9 febrero, 2026, 14: 11 hora del centro.
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Andrés Manuel: entre la izquierda verdadera y la derecha

Andrés Manuel: entre la izquie

Andrés Manuel no es anticapitalista. Esta primera sentencia alegra a muchos y a otros no tanto. Críticas desde la izquierda vienen y van; desde la derecha, abundan todavía más. El proyecto transformador del Presidente de la República se sitúa, sin duda, del lado zurdo del espectro político, pero también cuenta con elementos que no necesariamente podrían entrar en el molde de la llamada verdadera izquierda. 

“Por el bien de todos, primero los pobres” es el lema que ha marcado la trayectoria del tabasqueño a lo largo de su historia como líder social, el más importante en la época contemporánea de México. La apuesta del actual Presidente siempre ha sido uno de corte nacional-popular; él nunca se ha reivindicado como socialista o comunista. Quienes buscan un discurso en ese tono, jamás lo encontrarán en el registro histórico.

Primer asunto por resolver para la izquierda mexicana. Por un lado, están quienes se hicieron una idea falsa del Presidente; es decir, pensaron en un personaje feministo, socialista y antisistémico. Él nunca ha abrazado esas ideas, no porque no sean dignas ni relevantes, pero él no las ha sostenido. Por otro lado, encontramos a quienes lo señalan de ser cercano a las ideas de derechas por no seguir una línea radical contestataria frente al gran capital. Tendrán mucha o poca razón, pero no estamos en el terreno de los absolutos o purismos y eso hay que asumirlo para lograr descifrar parte de lo que ocurre hoy en México. 

Como todo proyecto nacional, popular y democrático, el movimiento que llegó a la presidencia de la república está repleto de contradicciones que no es necesario enumerar. Sin embargo, es importante tenerlas en cuenta para ver los alcances de la 4ª Transformación en términos de cambio de régimen y de apoyo de las masas; lo primero no se entiende sin lo segundo. En un gran texto publicado recientemente, Teresa Rodríguez de la Vega establece que la tan repetida hipótesis de que Andrés Manuel es solo un gran un líder carismático, “no hace suficiente justicia al perfil social de la mayoría de los sectores que siguen adhiriéndose a su causa con una vocación militante. El innegable soporte popular de la así llamada Cuarta Transformación tiene un componente de clase o, dicho de manera más específica, un componente de conciencia de clase: esa que, según el marxismo, sólo existe cuando existe una oposición activa frente a la otra clase.”

Estamos ante una revolución pacífica que, si bien la sostiene una base social muy heterogénea, se trata de un gran entramado de las y los de abajo con todos los matices que le queremos encontrar, pero que avanza y se configura como el sujeto político de la Transformación: el Pueblo. Esa articulación de demandas se confronta claramente ante una élite que no se siente cómoda en un tono de disputa polarizada porque se dejan ver las enormes desigualdades producto de los abusos y violencias que los oprimidos e invisibilizados han sufrido a lo largo de mucho tiempo.

Sin duda alguna, esta realidad contradictoria está anclada a las condiciones materiales de existencia y a las élites no les parece conveniente que se sea tan evidente porque los exhibe en su acumulación obscena de riqueza. Por ello, se articulan y buscan poner diques de contención a la Transformación, por ejemplo, la aparición de Sí Por México, impulsada por Claudio X. González y Gustavo de Hoyos quienes ya se han acercado a los partidos de oposición con el fin de construir el frente único de la Reacción. 

Lo que está en juego en las elecciones de 2021 es la continuación del proyecto transformador. El movimiento popular debe evitar a toda costa el intento de descarrilamiento de este proceso de cambio que se ha echado a andar y que aún requiere de más tiempo para ser profundizado y llegar a todos los rincones del país. Es momento de las masas, es momento de la altanería plebeya, es momento del Pueblo.
 

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