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Apuntes sobre la Guía Ética para la transformación de México

Apuntes sobre la Guía Ética pa

Las 34 páginas que componen la Guía Ética para la transformación de México no son un simple vigésimo de buenos deseos o recetas para la felicidad instantánea, sino el resultado de un proceso histórico que tiene como objetivo la transformación de la vida pública del país, para lo que necesariamente se requiere trabajar desde la conciencia y los valores comunes que rigen nuestras vidas. 

Este documento sería la antesala de la Constitución Moral que proponía el Presidente, quizás para muchas y muchos la Guía no es suficientemente coercitiva para que se lleve a cabo, porque tal como lo ha dicho el vocero de presidencia, Jesús Ramírez Cuevas, su adopción es voluntaria. 

Sin embargo, el proceso de la Guía y sus antecedentes podrían dotarla de mayor facilidad y legitimidad para su aplicación. Si bien en términos positivistas la Guía no pasó por un cuerpo soberano como el poder legislativo, el comité que llevó a cabo el proceso de condensar 462 propuestas documentales y 13 foros con la participación de 18 iglesias, 7 instituciones de educación superior y 130 organizaciones civiles ha sido cauto en colocar la pluralidad de pensamientos sin perder su validación universal, pero sobre todo reflejar un proceso histórico venido desde abajo, un auténtico anhelo del Pueblo para mejorar sus condiciones de vida desde el amor y no desde el odio. 

El precedente de la Guía ética para la transformación de México es el documento escrito por Andrés Manuel López Obrador en 2011 titulado Fundamentos para una República amorosa, un texto de apenas 54 paginas considerando el anexo de la Cartilla Moral de Alfonso Reyes, que ya vislumbraba la honestidad y la justicia como el centro de la política de regeneración nacional. 

Con la llegada de la Cuarta Transformación, el derrumbe de la corrupción institucional fue más que evidente. Tan sólo en los dos primeros años de gobierno se han comenzado a construir 4 grandes obras de infraestructura sin subir impuestos al Pueblo y la toma del poder político se ha hecho palpable, sin embargo, no se ha ganado en todas las esferas de disputa. El poder económico todavía tiene incidencia en el poder político, los medios de comunicación siguen obedeciendo a intereses privados y se sigue batallando con el vecino del norte por la soberanía. No obstante, la batalla cultural y la nueva hegemonía se disputan cada día, desde la individualidad de las personas hasta el actuar colectivo. Por eso, este documento hizo rabiar a las elites que se creían dueñas del país, ya que es el instrumento escrito del derrumbe ideológico del neoliberalismo. 

Definir los nuevos valores de convivencia y los casos prácticos del día a día son los que definirán la nueva realidad post neoliberal así como la interpelación desde juicios morales concretos, sólo así garantizaremos que la transformación sea de fondo. La costumbre como una fuente del derecho, será la herramienta más eficaz para la creación de normas sociales que respondan otras a necesidades sociales. 

Recoger los sentimientos y aspiraciones de un Pueblo lastimado y ofendido por la corrupción no debió ser tarea fácil, transmutar el resentimiento en esperanza es una tarea casi titánica pero no imposible porque justamente la mayor virtud es tener un origen emanado desde abajo, desde las grandes mayorías, porque como dice el Presidente, “el Pueblo que quiera ser libre, lo será”.

La oposición o lo que queda de ella no tardó en reprobar este esfuerzo, sin hacer una crítica con fundamentos, con un pensamiento reduccionista sólo atinaron a cuestionar el papel del Estado frente a la ética. La oposición que no tiene himno ni bandera alguna más que el del dinero ignora que la disputa política pasa necesariamente por la cultural; anteriormente el Estado era el principal promotor de la corrupción y el mercado de conciencias, es por ello que no pueden entender cómo es que el Estado haga un planteamiento moral más allá de las leyes para rectificar el camino.

Por el contrario de lo que acusaban los agoreros del desastre, la Guía Ética para la Transformación de México no es el principio de convertirnos en Venezuela o la República Popular China, el planteamiento que se hace es uno el que desmenuza los claroscuros de la sociedad, el sufrimiento y el placer, la verdad y la mentira, de la autoridad y el poder, el gozo y el dolor, o bien del proceso de la felicidad como una búsqueda continua y un bien a democratizar, que a la letra dice “no hay mayor alegría que la felicidad de los demás”. 

Durante la época neoliberal, los mandatarios se guiaban por antivalores, resultando en una aberrante involución de la vida pública, como en la selva, en la cual la ley del más fuerte, el de los mejores contactos, de gandallismo, eran la norma y hasta sujetos de reconocimiento, la corrupción era sinónimo de audacia e inteligencia.

La consolidación de la Cuarta Transformación, necesariamente tendrá que pasar por la materialización en lo común, es por ello que la pregunta no es si el Estado mexicano tendrá injerencia en la moral de las personas, sino cuál será la nueva práctica moral que permee más allá de lo sexenal; muy a pesar de los pesares de la oposición, la política paso de ser un negocio privado a una herramienta de transformación nacional del que se apropiaron los de abajo, porque lo que está en juego es nada más y nada menos que el destino de la nación, y es por ello que desde aquí celebramos que por fin la revolución de las conciencias tiene ya su instrumento escrito, demostrando que la fuerza de la palabra será siempre más valiosa y más valiente que la fuerza física. 
 

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