Hace unos días platicaba en entrevista con mi entrañable amigo Ernesto Ledesma en Rompeviento TV (de la que soy admirador y asiduo seguidor) sobre el fenómeno de AMLO como político y actual Presidente de la República.
Hice una comparación con la vida real en lo que a relaciones sentimentales se refiere: cuando uno se casa o “ arrejunta” con alguien, el enamoramiento al principio de cada relación es el principal motivo para querer estar a toda costa estar con esa persona. Pero cuando decide uno compartir la cotidianidad y dar el paso de vivir juntos: ¡oh decepción! Uno parece no estar preparado para las sorpresas que nuestro prospecto de pareja va dando a lo largo del tiempo y al acumular horas, meses o años de vida en pareja: ronca, se mueve demasiado al dormir, suelta gases, le apestan los pies, es melindroso para comer, eructa, se irrita con facilidad, deja todo tirado, es hipocondríaco, es obsesivo compulsivo con la limpieza, no se cambia diario los calzones, o los trapitos que a cada quién le vayan saliendo y que no siempre esperábamos al unirnos al príncipe o princesa de nuestros sueños. Pero todas estas cuestiones de la vida cotidiana no deben interferir en la relación si es en verdad esa persona “el o la indicada” con quien decidimos o queremos compartir nuestra vida diaria y darle lo mejor de nosotros . Y lo mismo esperaríamos de él o ella.
En resumen, deberíamos tomar lo mejor de nuestra pareja y darle lo mejor de nosotros a sabiendas que nadie es perfecto y que es probable que haya cosas que no nos gusten del todo. Son cosas que, sin embargo, se pueden superar o solucionar hablándolas. En resumen, parecería que no nos damos cuenta de que nos casamos o unimos con el paquete completo, no solo con lo que al principio del enamoramiento nos dejan ver, que es similar a lo que dejamos que vean de nosotros.
No existen los cuentos de hadas y a veces se suele no entender que no todo tiene que ser como lo hemos idealizado. Uno se casa o se une con alguien por todo lo que queremos compartir y que nos comparta ese ser al que conscientemente escogimos. Por eso no nos casamos con quien no nos gusta, con quien sabemos de antemano que es una persona tóxica para nosotros (como el PRIAN) y escogemos a el o la indicada.
Al igual que en una relación, quienes elegimos a Andrés Manuel López Obrador como Presidente lo vimos no solo como la única opción viable para un cambio en la vida nacional, sino como una oportunidad para destapar la enferma e infinita cloaca en la que nos habían dejado inmersos y que el país mejorara poco a poco y comenzara a cambiar de rumbo. Al menos yo, no lo idealicé. Votamos por fe, confianza y convicción por ese “paquete completo” que incluye todo lo que ya sabíamos que iba a incluir porque fueron sus promesas de campaña. Pero también nos “casamos” con el nuevo régimen porque queríamos ese giro de timón y nunca nos dimos a la tarea de tomar en cuenta que habría cosas que no iban a ser del todo de nuestro gusto y que saldrían poco a poco, incluso dentro del mismo gabinete o dentro de Morena como parte integral de un todo, y que son males que se pueden reparar y que confiamos en que tarde que temprano lo hagan, por bien del cambio que esperamos y por el bien común y de la nación.
Está por demás hablar de aquellos que quieren a como dé lugar y sin argumentos, o peor aún, con mentiras, calumnias y noticias falsas, hacer como si el gobierno actual estuviera fallando en todo, lo cual es absolutamente falso y dañino.
El país estaba hecho una tragedia, una ruina funcional pero que se iba a pique, y poco a poco lo estamos viendo corregirse a paso lento pero congruente con los principios que el Presidente enarbola. No es magia. Y muchos esperaban eso, que en uno o dos años todo cambiara y estuviera arreglado. Hay aún en las instituciones mucha ineficiencia, muchos intereses oscuros, y sobre todo mucha corrupción. Todavía mucha gente sufre por la falta de información y de formación crítica con base en la objetividad del periodismo informado y veraz. Sería para muchos más operante una dictadura que pusiera en su lugar de una vez por todas a todos aquellos que siguen delinquiendo, que lo hicieron en sexenios anteriores y que aún no están tras las rejas. Pero hacer cualquier cosa a partir de la represión y de repente, desestabilizaría enormemente al país, y si de por sí hay voces que están denostando y pidiendo a gritos que renuncie el Presidente dizque por “dictador”, no me quiero imaginar qué sucedería si en verdad hubiese mostrado gestos de intolerancia y represión como otros mandatarios lo hicieron y lo siguen haciendo alrededor del mundo.
or esa razón, y aunque haya cosas que no me acabo de explicar o que no me acaben de gustar, sigo confiando en el “paquete completo “ por el que voté y sigo confiando en que la historia nos dará a muchos la razón.


