Ciudad de México a 11 febrero, 2026, 7: 01 hora del centro.
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Dos años transformando a México

El 1º de diciembre se cumplieron dos años de la toma de protesta de uno de los presidentes más populares, controversiales y revolucionarios que ha tenido México. Entre opositores o simpatizantes, no hay un día en que el Presidente López Obrador no sea tema de conversación -especialmente entre los primeros-. Ese primero de diciembre de 2018, en San Lázaro, el Presidente adelantó que no solo iniciaba un nuevo gobierno, sino un cambio de régimen político, “a partir de ahora se llevará a cabo una transformación pacífica y ordenada, pero profunda y radical” y así fue. 

Antes de 2018, todo lo relativo a la vida pública y al político mexicano estaba completamente deteriorado, y ni hablemos de la evidente falta de gobernabilidad y Estado de derecho. Actualmente la Cuarta Transformación busca reivindicar todo esto, volver a dotar de ética, valor y honor al más noble oficio al que una persona puede dedicar su vida. 

En este sentido, vale la pena recordar algunos puntos de los que no se habla en el Reforma o El Universal. En dos años de gobierno se han sentado las bases para las reformas estructurales que desde hace años viene proponiendo el Movimiento, acá algunas relevantes: 

1.    La reforma constitucional que protege a grupos vulnerables como adultos mayores o personas con discapacidad para asegurar su acceso a programas sociales. 
2.    Hablando de programas sociales, dos puntos importantes: 1) hoy ya no hay intermediación en la entrega del apoyo, la cual antes no era más que un nudo de corrupción y 2) se ha logrado quitar el estigma a los jóvenes más desprotegidos a causa de la desigualdad. Mientras que antes socialmente se les condenaba por su contexto, hoy el Gobierno de México por fin cumple con su obligación de gobernar para todos y todas, y los voltea a ver. 
3.    La reforma constitucional que ya no permite la condonación de impuestos a las grandes empresas, práctica muy gustada del viejo régimen. Antes quienes pagaban impuestos eran los campesinos, los obreros y la gente de abajo, mientras que a los compadres del peñismo y el calderonismo, se les perdonaban. 
4.    El alto a los gasolinazos y a la creación de nuevos impuestos, incluso en medio de una pandemia.
5.    La cercanía que ahora existe entre la figura presidencial y el Pueblo de México. Recordemos que antes a esta la envolvía una especie de misterio y evidente lejanía, sólo pensemos en cuántas veces vimos a Enrique Peña Nieto responder a la opinión pública en espacios que no fueran los requeridos por mandato oficial. 
6.    Después de la fallida guerra contra el narcotráfico de Felipe Calderón, que a la fecha seguimos pagando, actualmente se combate al crimen organizado mediante la inteligencia y no mediante las balas, que tantos inocentes nos costaron en el pasado (aprovecho para reconocer la extraordinaria labor de la UIF a cargo de Santiago Nieto). 
7.    Hoy sabemos que el erario no le pertenece al gobierno en turno, como lo ha mencionado el Presidente en diversas ocasiones, sino al Pueblo. Cuántas veces nos hicieron creer que en México el presupuesto no alcanzaba para tantos servicios básicos, pero hoy sabemos que si no se roba, alcanza para todo. 
8.    Finalmente, pero no menos importante, después de tenerla guardada en el sótano durante décadas, hoy vuelve a gobernar la voluntad del Pueblo. 

El statu quo previo al 2018 era insostenible. Cuando el estado de las cosas es uno en el que la línea entre narcotráfico, clase empresarial y políticos es tan delgada, casi imperceptible, en que la corrupción es el pan de cada día y en que el régimen se jacta de comprar votos, conciencias y lealtades, por supuesto que una transformación de la vida pública no es solo necesaria, sino también obligatoria. 

A pesar de que aún queda un largo camino por recorrer y una extensa lista de pendientes a largo plazo, a dos años de gobierno ese 64% de aprobación que Andres Manuel López Obrador tiene el día de hoy no es casualidad. La Transformación se vive, los cambios se sienten y el Pueblo obradorista crece todos los días, como se reflejará en las urnas del próximo año.  La oposición muere de miedo porque sabe que parte de ella se lo juega todo en esta contienda electoral, pero que esto no nos sorprenda, todo cambio incomoda. Afortunadamente, en este caso los cambios que alcanzaron a tocar la esfera de privilegios de la antigua clase política llegaron para quedarse.  

Recordemos que la política debe poner orden en el caos y transformar la vida de la gente, y la Cuarta Transformación vino a traer justicia al olvidado y pertenencia a los nadies de Galeano, porque de eso se trata precisamente, de no dejar a nadie atrás y no dejar a nadie afuera, esto nos lo ha dejado más que claro el señor de las mañaneras. Por todo esto hoy más que nunca debo decir que es un honor. 
 

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