Por: José Antonio Munguía
Lo político no está separado de la cotidianidad e intimidad personal, porque los humanos sostenemos relaciones sociales con otros humanos, directa e indirectamente. Así, toda relación humana es una síntesis de la sociedad en la que vivimos; entre individuos -corpóreos- se expresan cuestiones ideales como preocupación y aspiración. Estas implican una manera de pensar, sistematizar, entender y reproducir la realidad y, por lo tanto, la forma en que nos relacionamos con los otros. En ese sentido es cuando hablamos de un sistema de ideas estructurado lógicamente, de una ideología, determinada por intereses de la clase social que dirige la vida económica.
La preocupación principal de las demás clases sociales, -dominadas o subordinadas-, radica en la resolución económica sin cuestionar el orden actual imperante. Es decir, pensar primero en el sustento personal antes de ver la coincidencia con otros millones de individuos, implica una concepción ideológica individualista que ve al semejante como su competencia y no como alguien con quién coindice en su condición económica y que no permite ver la pertenencia a «su» clase social. Y esto no tiene que ver con la cantidad de salario que recibe.
La ideología capitalista crea una conciencia que encubre a las relaciones económicas que reproducen, no solo a la burguesía y sus elementos parasitarios, sino al hombre «hecho a sí mismo», ideal y abstracto. Por eso, lo político se nos presenta como la actividad burocrática y es reducido a la práctica partidista, separada de las relaciones entre las clases sociales. Ante esta situación, tenemos la responsabilidad de plantear los problemas que vemos y el deber de dar una solución a esa concepción de hacer política, pero ante todo el hecho de ser parte de Morena implica el convencer a otros ciudadanos de que no debemos bajar la guardia y seguir organizándonos para sustentar y empujar la Cuarta Transformación.
Si bien la democracia tiene que ver con la discusión y la pluralidad política, debemos tener presente que aún en la izquierda existe pluralidad que no debe servir para dividirnos sino para ir juntos en esta gran coincidencia por transformar la sociedad injusta y deshumanizada en la que vivimos. No se trata de exigirle al Presidente el cambio que, desde lo individual, uno quiere o piensa necesario en lo inmediato, sino del empuje de todos los sectores democráticos de la sociedad, desde sus propias organizaciones, para destruir a ese sistema económico que expolia la riqueza natural y mantiene en la miseria a millones de trabajadores. Entendamos entonces que ni la izquierda en su expresión no partidista puede exigir que Morena cumpla con sus demandas en lo inmediato, -que en mucho coincide con lo planteado por el partido-, ni que Morena puede dirigir a toda la izquierda: son dos momentos que se desarrollan simultáneamente, con los que contamos en cuanto a organización política en México en busca de su autodeterminación.
Tener presente que lo político tiene que ver con la concepción desde una clase social, es el faro que no debe apagarse, porque sirve de guía para encontrar el camino de la lucha para la transformación social, desde los desposeídos y explotados, los humillados y olvidados. Estar con la Cuarta Transformación es situarnos desde donde estamos parados, con Morena o desde la organización política en la que militemos, para movilizarnos en pro de los cambios posibles, pero con principios éticos.
@Don_Jochevez
Economista por la BUAP, militante del Movimiento Estudiantil Espartaco de Puebla. Obradorista de base.


