La modernidad es siempre un porvenir; el rango positivo del eje cartesiano. Estamos en un presente cero; cambian los hechos, pero siempre son cero -para efectos de la reflexión-. El sector negativo es el pasado. La modernidad es lo que vemos a la derecha cartesiana de nuestro constante punto de partida.
En este sentido, la modernidad es sólo una dirección inevitable, al menos en la vida cotidiana. No importa qué hagamos o dejemos de hacer, mañana siempre será más moderno que hoy. Hasta aquí, el concepto es poco útil; casi podríamos sustituirlo por otros más sensatos, como “destino”.
La idea se vuelve interesante cuando se le arroja a la arena política. Básicamente, la posición que gane para sí al significante “modernidad” obtiene la noción de futuro; el sentido y el deseo de un porvenir más o menos determinado con el que se pueden desafiar inercias presentes y apostar estratégicamente por transformaciones profundas. En pocas palabras gana el sentido de viabilidad y aumentan las probabilidades de que su idea sirva como principio histórico en la determinación de nuestra realidad.
Hoy ese deseo sigue siendo patrimonio del conservadurismo. El sentido más común de modernidad lo dibujaron desde ahí, y hace siempre referencia a un capitalismo con rostro humano en el que las personas saben servirse de múltiples técnicas devenidas en tecnología para la acumulación de bienes y consumo en la medida de su mérito. Eso explica el fervor con el que defienden a este concepto: es la piedra toral de su significado de modernidad. No es que hoy el mundo sea una meritocracia; es que merece serlo (en su opinión).
El Obradorismo debe conquistar este significante. ¿Qué significa modernidad para nosotros y nosotras? ¿Cómo se ve nuestro porvenir?
Hay ya un par de nociones más o menos claras: el futuro populista que defendemos es uno en el que hay Patria para todos y para todas, no sólo para unos cuantos. Es un futuro en el que la técnica crece y se aprovecha, pero siempre al servicio de la Patria; nunca al revés. Es un futuro con servidores y servidoras públicas que no roban, no mienten y no traicionan al Pueblo de México. Es un porvenir de derechos y de vida digna democrática.
Los carros voladores son lo de menos. Lo fundamental es que, en nuestra modernidad, nadie se queda atrás.


