Ciudad de México a 7 febrero, 2026, 7: 38 hora del centro.
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No hay tercera opción

No hay tercera opción

En este espacio, y en general en la opinión pública, se ha hablado largo y tendido sobre la situación política partidista de cara a las elecciones intermedias del 2021. Incluso, el propio Presidente López Obrador ha reconocido que los comicios serán una especie de referéndum en el que el Pueblo elegirá si la Transformación sigue o si volvemos a los tiempos de corrupción y privilegios. En los últimos días los dirigentes de PRD, PAN, PRD y MC han declarado su intención de ir juntos. Incluso Felipe Calderón ha manifestado su deseo de unirse a la coalición reaccionaria.

El agrupamiento de las fuerzas conservadoras es el fin de la simulación y el inicio de una nueva etapa en el PRIAN; ahora abiertamente declaran que representan lo mismo. La coalición Obradorista enfrentará al mismo enemigo de siempre, pero ahora sin la careta de democráticos y liberales. En este sentido, ante el inicio del bipartidismo, en los últimos días ha sobresalido un grupo de personas que reclaman la poca diversidad de opciones en lo referente a las coaliciones y piden que surja, así de la nada, una tercera opción. 

Como si el contexto político lo permitiera, como si la existencia de una tercera fuerza fuera a cambiar algo, como si existieran las circunstancias a partir de las cuales pueda surgir otro discurso. 

La tibieza de cierto sector es irresponsable. En realidad, no es muy complejo: es elegir entre la coalición que quiere seguir Transformando la vida púbica de México o los partidos que representan los 30 años de corrupción y malos resultados. Hablar de falta de opciones es no entender el momento histórico por el que atravesamos. En las otras tres Transformaciones de la historia de México (la independencia, la reforma y la revolución) no hubo una tercera postura: siempre ha sido liberales contra conservadores, mexicanistas contra apátridas, las fuerzas revolucionarias contra usurpadores.

En la Cuarta Transformación no es distinto. Se está a favor de separar el poder político del económico o se está en contra, tan sencillo como eso. ¿Qué tan ridículo se hubiera escuchado si alguien decía: “yo no estoy ni con los independentistas ni con los españoles”? Bueno, pues en este caso es lo mismo. No se puede ser tibio, híbrido o inconsistente cuando el futuro de nuestro país está en juego. Es legítimo estar de un lado o de otro, pero es necesario asumirlo.

El Gobierno actual no nació solo del descontento con los partidos neoliberales, responde principalmente a la esperanza de millones de mexicanos que creen que un país sin corrupción, democrático y con especial enfoque en los desprotegidos es posible. Para que estos anhelos se hicieran un programa político y luego Gobierno fue necesario la lucha y organización de todo un Pueblo. Quienes piden que haya más opciones en la boleta deberían aprender de ello y tratar de construir una alternativa que cumpla con sus requerimientos y expectativas, que, en realidad, suenan más a caprichos.

Cualquier otra cosa que no sea la construcción política de los ideales que defienden, es conservadurismo simulado. Señalar, pero no incidir; criticar, pero no construir; exigir, pero sin militancia responsable. Se vale disentir, es normal no estar de acuerdo, pero desde la distancia y sin ánimos de tomar postura por algo es activismo falso.

En las boletas del 2021, no habrá una tercera opción: continuamos por la vía trazada por el Presidente Andrés Manuel López Obrador o detenemos la Transformación y regresamos a barbarie neoliberal, no hay de otra. Asumamos y avancemos.

 

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