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Premio a la perseverancia

Premio a la perseverancia

Hace unos días Leydy Pech -al igual que otros líderes comunitarios del orbe- recibió el Premio Golman, considerado el Nobel ambiental.

La lucha colectiva que representa Leydy es de muchas comunidades mayas que soportan una parte considerable de su economía con la miel producida en el pecoreo de millones de abejas y meliponas (no son lo mismo: las segundas son avispas sin agujón y endémicas de la península de Yucatán) del cual dependen casi 20 mil familias agrupadas en cientos de cooperativas.

Su lucha y labor dignifica la conservación de espacios naturales regulados y cuidados por las mismas personas y favorece que se evite el cambio de uso suelo por la desforestación. Sin embargo, lo más importante de su lucha compartida es impedir por todas las vías sociales y legales, tanto a nivel nacional como internacional, la siembra de cultivos transgénicos de soya en la península de Yucatán.
Su esfuerzo ha tenido frutos, pero no suficientes. Solo lograron una suspensión temporal para reponer el proceso de consulta previa e informada a las comunidades indígenas afectadas, pero el fondo de la “litis”, que es su prohibición, todavía no es definitivo.

Esto sigue siendo un dilema para la secretaría de agricultura (SADER) y su titular Víctor Villalobos. La soya es el pienso principal de alimentación del ganado mayor y menor de la zona (vacas y cerdos), pero a la vez estos últimos están generando una enorme contaminación por el volumen de excretas que llegan a los acuíferos subterráneos de toda la península.

La gran encrucijada es: ¿será posible liderar una conciliación entre ambas prácticas?

Los campesinos y campesinas como Leydy Pech o María Rosa Parra (otra luchadora social) dirán que no y se amparan en estudios de la CONABIO (entre otro); los segundos argumentan que, con delimitar una superficie diametral de 6 km del pecoreo (información también sustentada en estudios de la propia coordinación de ganadería de la SADER), es suficiente.

Hay una solución intermedia y es sembrar soya híbrida, mas no transgénica. Pero tiene un problema: el control de plagas y enfermedades a nivel masivo obligaría a usar herbicidas y plaguicidas altamente contaminantes de los mantos friáticos por lixiviación.

Una mente brillante diría: ¿dónde prevalece mayoritariamente el interés público? La ganadería, aunque genera muchos empleos, es sobre todo privada (como los intereses del Sr. Hernández -exdueño de BANAMEX-, del Sr. Romo -exjefe de la oficina de la presidencia- o miles de campesinos de la península). La respuesta es clara.

La perseverancia de personas como Leydy y muchas más, visibiliza la respuesta necesaria: asegurar el interés público y, como dije en una entrega anterior, nuestro consumo de tan solo una cucharada de miel hace la diferencia.
 

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