En El Manifiesto Comunista, Marx y Engels comenzaron constatando un hecho casi cómico de su tiempo: la palabra “comunista” estaba a la orden del día.
“No hay un solo partido de oposición a quien los adversarios gobernantes no motejen de comunista, ni un solo partido de oposición que no lance al rostro de las oposiciones más avanzadas, lo mismo que a los enemigos reaccionarios, la acusación estigmatizante de comunismo”.
Algo parecido ocurre desde hace unas décadas en México (y en el mundo), pero ahora con la palabra “populista”.
Así, López Obrador comenzó a ser descalificado como “populista” desde que era jefe de gobierno de la Ciudad de México. Conforme se acercaba la fecha de la elección presidencial, este señalamiento se intensificó hasta que se convirtió en un lugar común del discurso vacío anti-AMLO, que a falta de un proyecto de país construyó un anti-proyecto en la forma del “peligro para México”. Visto a la distancia, se muestra como una especie de FRENAAA preventivo. Como a mediados del siglo antepasado, tampoco aquí se trataba de una crítica académica o medianamente reflexiva en torno a dicho concepto de “populismo” -que AMLO nunca se dedicó tampoco a reivindicar ni a explicar- con lo que se tiene como resultado que básicamente no se sabe qué es lo que se le quería señalar a AMLO con el calificativo “populista”, ni si Andrés Manuel se asume como tal y que entiende en todo caso él por “populismo”.
En cambio, en el ámbito del antiobradorismo el término “populismo” sigue siendo un “concepto” (más bien una caricatura) al que se sigue recurriendo para atribuir características más bien arbitrarias a AMLO y hacer comparaciones forzadas, como que Andrés Manuel es, a la vez, como Maduro, como Trump, como Bolsonaro, como Fidel Castro, como Hitler y como Stalin, o que es una amenaza para los medios de comunicación por hacer conferencias de prensa todas las mañanas y otros despropósitos. Estas ideas se difunden no con el ánimo de entender el obradorismo ni de debatir con él, sino simplemente de despertar emociones negativas: es la continuación de la campaña negra del peligro para México.
Es en ese contexto, el consejero presidente del INE, Lorenzo Córdova, preparó una participación para un foro y luego decidió dar publicidad a su postura a través de las cuentas institucionales del INE, en la que, en forma apenas velada, se lanza contra un hipotético movimiento populista que -como no- pone en un verdadero peligro a la democracia, que según parece era modélica en México: sin fraudes electorales, estafas maestras, Pemexgates ni millonarios recursos de Odebrecht para pagar campañas presidenciales, ni cientos de candidatos asesinados.
No sorprende que el “análisis” de Córdova sea así de simplón e irrelevante para cualquier discusión sobre el tema, sino la provocación de formular esa postura, que es básicamente la misma que se difundió desde la campaña de Calderón en 2006 o lo que ahora sostienen los exaltados FRENAAA, y darle publicidad desde el INE. Es un verdadero atrevimiento que se suma a la serie de absurdos que impulsa un sector mayoritario del Instituto, como intentar regular lo que AMLO puede contestar a periodistas o soñar con que pueden modificar la legalidad vigente para pretender reducir el número de diputados que puedan estar en Morena, lo que en conjunto constituye una actuación realmente preocupante e irresponsable.
Cuando decimos que tenemos al árbitro en contra, por tanto, no hablamos de un partido de fútbol contra el América, sino del árbitro electoral que cada vez es más descarado en sus posturas políticas facciosas, justo en la antesala de la elección más grande y compleja de la historia. Esta parcialidad no es nueva, pero no nos podemos confiar, pues a final de cuentas lo que marcó la diferencia en 2018 respecto a las elecciones de 2006 y 2012 fue que estuvimos más organizados, impedimos el fraude en las casillas y logramos convencer a un porcentaje mayor de la población para lograr una victoria holgada.
No tenemos derecho a ignorar que aún padecemos estos remanentes de la institucionalidad simuladora que el neoliberalismo creó a lo largo de décadas.
Para mantenerlos neutralizados en tanto que se terminan de renovar, debemos permanecer organizados y trabajando.


