Ciudad de México a 16 febrero, 2026, 8: 19 hora del centro.
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La oposición: clasismo como forma de vida

Desde el triunfo de la Cuarta Transformación, una visión incluyente, a favor de una mayoría históricamente relegada y dejada de lado, ha dominado la discusión en torno a lo público. Conforme avanza la administración del actual gobierno federal, se ha debilitado la hegemonía neoliberal tan incrustada en las mentes y las vidas de las y los mexicanos. Esta aproximación individualista a la realidad, aunada a la tan arraigada idea del “sálvese quien pueda”, nos había dejado con una población dividida, despolitizada e incapaz de pensar en lo colectivo.

Aunque no podemos dejar de lado que todavía está enquistada dicha visión en un sector de la sociedad —sobre todo en la élite económica y política—, y por lo tanto no debe ser subestimada, llama la atención que la manera de hacer política de esos grupos sigue siendo exactamente la misma de antes, como si el 2018 nunca hubiera ocurrido. Además de no conseguir consolidar una propia agenda, siguen intentando apelar a la sociedad a través de una estrategia clasista, como si eso no hubiera sido justo uno de los principales motivos de su estrepitosa caída. El Pueblo no se siente identificado con ellos, sino todo lo contrario: se siente distante, subestimado, y en muchas ocasiones atacado.

Ya se ha dicho en distinto textos que más que ser una oposición son “la reacción”, porque eso es precisamente lo que hacen: reaccionar negativamente a cualquier propuesta o iniciativa del Presidente o de la bancada de Morena, sin ellos plantear una ruta distinta a la que ya habían asumido antes de las elecciones presidenciales. No han hecho una verdadera reflexión sobre sus errores cometidos ni se han cuestionado en qué fallaron.

Por otro lado, cualquiera con un poco de sentido común y empatía puede darse cuenta al primer instante que uno de sus principales errores es seguir asumiendo un clasismo que, de tanto que evocan, ya parece casi intrínseco de ellos. No solo lo sacan a relucir constantemente, sino que parece que sienten gusto de hacerlo notar. Disfrutan de ponerse a sí mismos en un pedestal moral inexistente desde el cual gozan de tildar de ignorantes, “borregada” o de ciegos a la inmensa mayoría que no coincide con sus criticas vacías. No se han dado cuenta de que a la población ya no le impresionan personajes que estudiaron en las mejores universidades de Estados Unidos y que quieren llegar de allá a decirle a las personas cómo deben afrontar su realidad. El Pueblo prefiere a alguien en quien se vea reflejado, que comprenda sus vivencias y sus pesares. No quiere a alguien que desprecia sus tradiciones, su cultura y sus arraigos. Hasta que consigan cambiar, hacer una verdadera evaluación de los daños y aprendan a dejar de subestimar al Pueblo, podrán hacer política con dignidad. Mientras sigan con la misma venda en los ojos, todos sus esfuerzos seguirán siendo inútiles. 

Por suerte para Morena y el resto de las y los obradoristas, todo parece indicar que no habrá cambios sustanciales. La forma como el PRI operó en Coahuila e Hidalgo sacó a relucir la maquinaria antidemocrática y criminal con la que siguen funcionando, y la reincorporación de Felipe Calderón a las filas del PAN nos habla de un partido que tampoco está dispuesto a trabajar con la gente de abajo, sino con las antiguas élites que tanto daño le hicieron al país. Y si así lo quieren, que así sea: que ellos sigan construyendo con los de siempre, nosotros seguiremos haciendo Pueblo. 
 

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