Ciudad de México a 16 febrero, 2026, 8: 02 hora del centro.
Ciudad de México a 16 febrero, 2026, 8: 02 hora del centro.

Maratón de nueve meses

Recuerdo que, mientras crecía, nunca cuestioné si quería o no tener hijos, más bien era parte de la vida orgánica que debía vivir como futura mujer. La maternidad está tan arraigada a cómo entendemos nuestro lugar como mujeres en la sociedad que pocas se logran zafar de esta imposición y logran pensarla como una decisión y no una obligación. En mis veintes, tuve una larga etapa en la que estaba decidida a no tener hijos por decenas de razones, incluyendo hacer una declaración implícita a una sociedad machista que sólo nos valora como madres. Entre más me decían: “qué egoísta que no quieres tener hijos” más me aferraba a una decisión que poco a poco se convertía en una identidad. En mis treinta, cuando la mayoría de mis amigas empezaron a tener bebés, me entró una romantización por el embarazo y la maternidad. En específico, me maravillaba la capacidad del cuerpo de la mujer de crear un ser humano con una sola célula externa y unos cuantos meses de arduo trabajo. Después de varios años de pensarlo –y de varios meses de intentarlo– logré embarazarme. 

Por más felicidad y asombro que el embarazo ha causado en mí, también ha sido un proceso difícil. No sólo porque parte de los goces del embarazo son sociales –convivios con antojos y sobadas de panza con la familia y amigas, y esto en plena pandemia, fue imposible–, sino porque el embarazo puede ser un proceso muy pesado y nadie te prepara para eso. Mi primer trimestre sentí que vomité lo que comí desde la primaria. El segundo la pasé entre mareos, descompensaciones, sustos en los ultrasonidos y dolores. Y el tercer trimestre con diabetes gestacional que me ha limitado a una dieta estricta acompañada de medicamento y seis tomas de sangre al día para revisar mis niveles de azúcar. En estos últimos tres meses, la diabetes me quitó por completo el placer de los antojos que, más allá de una satisfacción al paladar, en realidad le quitaban algo de monotonía a la vida en cuarentena, pues el pan dulce de los fines de semana me hacía sentir que no vivo en un lunes perpetuo. Todo lo anterior se suma al cansancio, al dolor de espalda, a las agruras, a la retención de líquidos y a otros pesares comunes en el embarazo de la mayoría.

Sé que no es la experiencia de todas, pero así ha sido la mía y he notado que una vez que lo platicas entre mujeres, resulta que muchísimas padecieron embarazos difíciles también, pero nunca lo compartieron con nadie. Me tocó escuchar a decenas de mujeres más grandes que yo decirme el típico: “todo se olvida cuando nace”. No lo sé aún, pero sospecho que no lo olvidaré, y, por si las dudas, he hecho un esfuerzo por documentarlo. Lo hago porque sería soberbio dudar de la experiencia de tantas mujeres, sin embargo, creo que es sano tener y compartir una idea más fiel y menos romantizada sobre qué es el embarazo. Esto no significa que no haya disfrutado algunas cosas: fue lindo compartir la noticia con mi familia y amigas, escoger su nombre, lavar su ropita, verla en los ultrasonidos y sobre todo sentirla patear. Pero eso no quita que la mayoría del tiempo me sentí muy mal y que, para mí, el embarazo ha sido un maratón que ha puesto mi cuerpo y mente a prueba. 

Creo que la socialización de las experiencias más reales del embarazo permite varias cosas. Por un lado, que las mujeres tomemos en cuenta que no todas las experiencias de embarazo son fáciles antes de animarnos. Al mismo tiempo, es imposible dejarse de maravillar por el cuerpo de las mujeres y eso me ha hecho sentir un profundo amor y respeto por mi cuerpo. Por último, tengo la esperanza de que ayudaría a que la sociedad viera el embarazo, el aborto y la maternidad desde una perspectiva menos machista. 

En cuanto al embarazo, reflexiono sobre algo tan sencillo como las múltiples veces que tuve que ausentarme del trabajo por sentirme mal a causa de gripa o de alguna infección estomacal, que habrían sido de risa en comparación con un día difícil del embarazo. Y ni siquiera uno malo, sino uno más de esos días de mareos, vómitos o descompensaciones de los que he perdido la cuenta. El mercado laboral espera que una mujer siga funcionando como si su cuerpo no estuviera trabajando a marchas forzadas para crear un ser humano. Esto me lleva a las licencias de maternidad y paternidad que parecen haber sido escritas por un robot que no tiene ni idea de qué significa el embarazo y las primeras semanas de maternidad. Es ilógico pensar que 12 semanas de maternidad y 5 días de paternidad son suficientes para alguien. 

Por último, el embarazo me ha hecho pensar mucho más en el aborto. Recuerdo hace tiempo que mi mejor amiga me dijo que nunca había estado tan segura de la urgencia de la legalización del aborto como cuando estuvo embarazada. Y no porque no quisiera tener a su bebé, sino justamente porque aún deseando su embarazo y su maternidad, había sido un proceso muy difícil y no podía entender la crueldad de hacer que alguien pasara por éste de manera obligatoria. No sólo concuerdo con ella, sino que sumo la sabiduría de la filósofa Judith Thomson, que habla del embarazo como la decisión –o la obligación, en los casos en los que no se permite abortar– de compartir tu cuerpo por nueve meses para que otro ser sobreviva. Y esto, es un acto de profundo amor y resistencia que sólo nosotras debemos tener la rectoría sobre la decisión. El embarazo y la maternidad tienen que ser una opción y no una imposición, y sólo con el acceso a educación sexual, los anticonceptivos y con la legalización del aborto se puede asegurar. 

Con este breve relato de mi embarazo me despido temporalmente de ustedes, pues estoy muy cerca del nacimiento de mi bebé y quiero tomarme un tiempo para darle la bienvenida a este mundo caótico y disfrutarnos ahora que podremos vernos. Me despido no sin antes agradecerles por haberme leído cada quincena y aprovecho estas palabras para agradecer públicamente y reconocer a mi amiga y gran ginecóloga materno-fetal y Pluma Patriótica, Yoalli Palma, quien ha llevado mi embarazo con todo el respeto, cuidado, profesionalismo y compasión que cualquier mujer embarazada merece. 

Nos volveremos a leer pronto.
 

Etiquetas

Facebook
Twitter
LinkedIn