Ciudad de México a 16 febrero, 2026, 7: 54 hora del centro.
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Un gobierno popular es que el busca que nadie se quede atrás. La única manera de lograrlo es acompañar al discurso que cultiva poco a poco un nuevo sentido común, con administración pública comprometida. Esto permite que donde haya una necesidad, nazca siempre un derecho.  

El derecho al agua debe traducirse en drenaje; el derecho a la educación, en escuelas suficientes y de calidad para todas las personas. Para la seguridad, por ejemplo, se necesita un equipo policíaco eficaz pero también sensible a los mínimos de cuidado y atención en su actuar. Incluso las luminarias son fundamentales. Y para todo esto se necesitan sistemas fiscales justos que garanticen que todas y todos pongan su parte en el proyecto republicano, según sus posibilidades. El punto es sencillo: para que nadie se quede atrás, necesitamos más Estado que cubra efectivamente más necesidades colectivas. 

El contexto que vivimos obliga a centrar esfuerzos estatales en un derecho fundamental: la salud. Vivimos la peor crisis sanitaria global de los últimos 100 años, y a México le tocó hacerle frente con un sistema público desmantelado por los gobiernos anteriores. Además, atravesamos 30 años de abandono en materia de política alimentaria. Se dejó al lucro operar a sus anchas sin ninguna restricción, y eso llevó a la proliferación de afecciones de todo tipo que hoy aumentan el riesgo de gravedad en caso de contagio por covid-19.  

Por eso es de celebrarse la llegada de la primera tanda de vacunas al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. A pesar de la precariedad heredada en el sistema de cuidado colectivo y salud, el Gobierno de México fue capaz de posicionar al país como uno de los primeros 10 en obtener vacunas en el mundo. Lo hizo, además, con un plan administrativo y financiero que garantiza cobertura universal en un periodo aproximado de 2 años. Este plan, adicionalmente, rompe con la lógica egoísta de la larga noche neoliberal: la vacuna la recibirán primero los sectores que más la necesitan por interés público, y no sólo quienes puedan pagarla. Este esfuerzo es un ejemplo de lo que sucede cuando un país retoma el proyecto de comunidad y soberanía popular, en lugar de dejar a su suerte al Pueblo frente a las inercias instaladas de la oligarquía que hoy está más desencajada que nunca. Como muestra, basta leerles: celebran la muerte y las dificultades logísticas del gran plan de vacunación con espeluznante alegría. 

En La Magdalena Contreras estamos acompañando este esfuerzo no sólo con la intención de cubrir las urgentes necesidades derivadas de la pandemia, sino también para transformar hacia el futuro: queremos construir un aparato local que acompañe al Pueblo en el porvenir, generación tras generación. Nuestra meta final es que ningún contrerense y ninguna contrerense se quede atrás, sino que compartan con el resto de México el desarrollo colectivo que tanto trabajo está costando producir. Todos nuestros programas sociales y operaciones tienen ese objetivo, y no descansaremos hasta verlo realizado. 
 

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