Ciudad de México a 6 febrero, 2026, 22: 59 hora del centro.
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Poco a poco se ha ido confirmando lo que hemos dicho desde hace tiempo. Toda transformación implica la conformación de dos bloques antagónicos: quienes defienden lo viejo, lo establecido o un antiguo régimen, y quienes defienden la transformación y el surgimiento de un nuevo paradigma social. Decía Gramsci que, en este lapso, entre ambos mundos, surgían los monstruos. Y vaya monstruo que nos hemos topado en México, el PRIANRD. Con singular hipocresía los conservadores se presentarán como una misma opción electoral cuando tradicionalmente pretendían venderse como adversarios políticos. No queda la menor duda: siempre fueron lo mismo y hoy están listos para defender sus privilegios.

A este grupo no le preocupa la democracia. Le inquieta recuperar su oportunidad de utilizar al Estado como cajero bancario personal. Le preocupa poder volver a generar debilidad institucional para priorizar sus numerosos actos de corrupción sobre la atención a los más olvidados. Les mueve regresar a una visión de la política como beneficio personal en lugar de una comunitaria donde por el bien de todos vayan antes las y los más pobres. Les preocupa recuperar sus privilegios que con descarada alegría presumían en revistas del corazón mientras el Pueblo moría de hambre.

Este grupo que por fin se quita la máscara es aquel que colocó en Secretarías de Estado a individuos con apellidos rimbombantes y estudios extranjeros, esperando que por arte de magia y por su clasismo, resultasen ser mejores servidores públicos. Nada más lejos de la realidad: el dogma neoliberal los hizo servirse y no servir. 

Este sector es aquel que despotrica de manera desquiciada por exhibir en la conferencia mañanera en un cartón a un periodista corrupto que acompañaba la opulencia, viajando rampante en el avión presidencial y recibiendo jugosas comisiones, cuando en el viejo régimen desaparecía a 43 compañeros normalistas y el país clamaba justicia. Hoy, en un diálogo circular, democrático y popular, los medios defienden el interés económico y el Estado es popular. Es natural. Y el derecho de réplica es para ambas vías.

Antes el Estado desaparecía disidentes y violaba sistemáticamente Derechos Humanos. 

Hoy, exhibe un cartón en un diálogo democrático y circular, pero los conservadores pegan el grito en el cielo. 

Viven en su dictadura imaginaria. Llevan así dos años, desconectados de la realidad y cualquier noción de sensibilidad popular. Es normal, tantos años de neoliberalismo no son sencillos para nadie, ni siquiera para los privilegiados. 

En 2021 el Pueblo tendrá dos opciones: consolidar la transformación o votar por el regreso de la corrupción. 

Y como el Pueblo es sabio, y siempre tuvo razón respecto a los conservadores, estoy seguro de que votará transformación.
 

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