Si usted está leyendo mi columna de hoy, póngase cómodo porque está dirigida a usted.
Bien dicen que el miedo y el enojo son los peores consejeros, pero son también los que mejor y más fácilmente se acomodan al oído de quien es testigo del desastre amplificado. Y no hay coctel más eficiente para amplificar el desastre que, justamente, el miedo y el enojo colectivo. Usted tiene que saber que hay quienes viven de eso. Genera rating, confusión y caos, algo muy redituable para ciertos grupos que están a cargo de entregar, dirigir y escoger qué información va a recibir usted. Y, también, tiene usted que asumir su responsabilidad en la información que consume y en qué traduce ese consumo.
Efectivamente, son días de cuidado. Volvieron a subir los contagios: el nivel de demanda de los hospitales creció; tuvieron que cerrar, nuevamente, algunos negocios, y se debieron aplicar restricciones adicionales para evitar aglomeraciones. Se amplió el tiempo en que no podremos ver a las personas con quien normalmente compartimos grandes celebraciones en estas temporadas. Es, desde luego, un cierre de año que nadie hubiese querido aquí ni en ningún lado, y que genera angustia.
Son días, por tanto, en los que bien vale la pena detenerse a mirar la información con la que se nos bombardea diariamente para ir extrayendo aquello que ayude a tomar buenas decisiones. Buenas para uno y para los de al lado. Igualmente es buena ocasión para dimensionar que los ojos con los que miramos este momento no pueden ser los mismos de los de otros años. Este año no es como ninguno anterior.
Van entonces mis recomendaciones para enfrentar este cierre 2020 sin caer en el pánico mediático, recuperar el sentido común, y armonizar el ambiente.
1. Olvídese de los colores del semáforo. Si llegamos al rojo es porque la prensa, en lugar de reproducir el mensaje de las autoridades de guardarse y la necesidad de respetar las medidas sanitarias urgentemente para no tener que llegar al rojo, prefirió instalarse en el debate de por qué no se decretaba el rojo. También es debido a que un montón de personas nos confiamos y dijimos: “ya estuvo bueno de este encierro”. Se nos trató como mayores de edad y respondimos como adolescentes. Si a estas alturas usted tiene posibilidad de guardarse, de evitar pachangas masivas, borracheras -donde todo el mundo se abraza- y viajes que le hagan pisar aeropuertos o situaciones de encierro y mucha gente; si usted puede guardar sana distancia y usar cubrebocas por respeto al de al lado, pero no ha hecho todo eso: es un necio y un eslabón que contribuye al desastre y también al miedo. La responsabilidad no es de Sheinbaum ni de López-Gatell.
Entonces, ¿cómo lidiar con este cierre de año? Busque aquellas fuentes de información que le hablen sobre los servicios existen para atenderse y dar seguimiento a su caso si llegara a tocarle pero, sobre todo, haga lo que ya sabe que tiene que hacer para evitar el contagio y seguir propagando (no por usted quizá, si es un jovenazo sin comorbilidades, pero porque ya son muchos los contagiados y otros podrían no tener su suerte). Esas medidas nos las han solicitado desde hace meses y se han generado muchas herramientas para perfeccionar la estrategia de contención. Úselas con responsabilidad y, en estos días, infórmese sobre todo aquello que no se puede hacer adicionalmente para que no le agarre de sorpresa. Asuma que hay riesgo, no se comporte como si no lo hubiera.
2. Anote, dimensione, el hecho de que estamos como país en una situación privilegiada porque el trabajo de estos meses derivó en la posibilidad de ser de los primeros en acceder a distintas opciones de vacuna. Tenga usted consideración por todos aquellos países (la mayoría) y quienes los habitan, que no tendrán esa oportunidad hasta bien entrado el año próximo o quizá el siguiente. Siéntase orgulloso de estar en un país donde no se va a lucrar con la vacuna y se va a priorizar su aplicación – universal y gratuita- a los grupos de población que más lo necesitan, iniciando por quienes se han partido trabajando por la salud de todos los demás. No sea ese miope que no ve lo afortunados que ya somos y evite diseminar el mensaje de: “Yo primero”. A todo el mundo le va a llegar su momento, con orden y haciendo fila. Dicho en otras palabras: siéntase feliz de vivir en un lugar en el que ya existe plan de vacunación porque hay vacuna, y siga haciéndose responsable de todo aquello en lo que pueda contribuir para evitar la diseminación del virus, hasta que lo llamen en la fila. Privilegie, entonces, la información que lo lleve a saber cuando será llamado, y evite enojarse por todos esos titulares que lo invitan a sentirse indignado porque todavía no le toca a usted. Por favor, tampoco contribuya al pensamiento mágico de creer que, porque tenemos acceso a la vacuna, en dos días debería acabarse la pandemia. Eso sólo lo hará sentir frustrado a usted y los que lo rodean.
3. Si llega a dar positivo, sea responsable con su contagio, pero tampoco se tire al suelo de pánico. Recuerde que la mayor parte de la gente lo atraviesa sin mayor impacto de acuerdo con las estadísticas. Solamente hay dos recomendaciones sensatas dado que no se sabe a qué parte de la estadística correspondemos antes de atravesarlo: trate de no contagiar a otros -sobre todo personas vulnerables- y, si usted forma parte de ellas, acérquese a las instancias de salud que puedan recibirlo a los primeros síntomas. Afortunadamente, existen aplicaciones que le pueden informar en tiempo real sobre qué hospitales tienen camas disponibles. Consúltelas. Evite informarse en los periódicos sobre datos de disponibilidad hospitalaria. Para efectos prácticos, un titular de ocupación del 89%, no sirve para nada.
4. Ya para cerrar. Deje de pensar que es el peor año de su vida. Como no le haya tocado una tragedia familiar, usted está en las nubes y no tiene derecho a sentirse infeliz por no hacer sus fiestas, comprar sus varios regalos, o salir de viaje. Lo invito a pensar en quienes en este año perdieron gente querida sin haberlo anticipado, en quienes perdieron su negocio, su trabajo y se las están viendo negras, o los que llevan meses metidos en un hospital atendiendo a personas en el foco del sufrimiento. Si usted no ha pasado por nada de eso (porque a pesar de los titulares del desastre muchos no estamos en ese escenario), entonces forma parte de quienes deben de jalar parejo, sin enojos y contribuyendo a que esto no empeore.
Dicho esto le deseo lo mejor, un cierre de año tranquilo y que, para todos, el que viene sea mejor.


