La derecha mexicana, ahora agrupada en una versión electoral del FRENA o TUMOR y continuación directa del “Pacto contra México” (que agrupa PRI, PAN y lo que queda del PRD) volvió a hacer el ridículo nacional, pues en una de sus imágenes de campaña usaron la fotografía de un campesino güero, evidentemente de otro país, queriéndolo hacer pasar por un trabajador agrícola mexicano y anunciando que lucharán por más apoyos para el campo.
La reacción de las benditas redes sociales no tardó y empezaron a ridiculizar esa campaña de la reacción mexicana. Más allá de lo ridículo y bochornoso se esconde cierta concepción de la derecha hacia la agricultura y el campesinado mexicano. En nuestro país existen claramente dos grandes tipos de agricultura: una altamente tecnificada, principalmente en algunos estados del norte y en el bajío, y otra familiar, de pequeña escala, que practican fundamentalmente ejidos y comunidades en todo el país, mayoritariamente en el sureste.
La política agropecuaria durante el periodo neoliberal, por una parte, emprendió una auténtica guerra en contra de la agricultura campesina, al eliminar y acabar con el extensionismo, con los precios de garantía y con múltiples instituciones que brindaban -mal que bien- servicios a los campesinos, bajo la premisa deliberada de dificultar cada vez más la vida en el campo con el objetivo de lograr la reconcentración de la tierra. En el fondo, los neoliberales seguían (y siguen) resentidos por el reparto agrario que trajo la revolución y cambiaron el marco legal para permitir la reconcentración de la tierra. Al mismo tiempo, acababan con todos los apoyos y ponían a competir a los productores mexicanos con los productores de granos de EE. UU. -los más subsidiados y tecnificados del mundo-.
Por ello, que los campesinos hayan resistido y solo una pequeña parte de las tierras se haya vendido, es un verdadero triunfo de este sector en México. Mientras se abandonaba a los pequeños agricultores, se ampliaba cada vez más el apoyo a los grandes productores, con recursos millonarios a fondo perdido para instalar sistemas de riego, empaques, invernaderos, y también para la compra de ganado de alta calidad genética. No pocos de los hipócritas que se quejan del apoyo que reciben los jóvenes aprendices en “Jóvenes Construyendo el Futuro” para capacitarse, recibieron miles de veces más que eso para sus ranchos.
Pues bien, esa campaña desnuda una vez más su oscuro deseo en la cuestión agraria: lograr la reconcentración de la tierra, para tener a unos cuantos propietarios con miles de hectáreas cada uno; propietarios ricos, blancos, que reciban millones de pesos del gobierno cada año para hacer inversiones y paguen salarios miserables a los miles de campesinos que tienen que migrar estacionalmente, siguiendo las fechas de las labores agrícolas.


