El gobierno mexicano, durante el periodo neoliberal, aplicaba su principio máximo que consistía en beneficiar a los más ricos para volverlos aún más ricos y marginar al pobre para volverlo aún más pobre -para privatizar las ganancias, pero socializando las pérdidas-. Es decir: aplicaban a contrario sensu lo que emana de un Estado de derecho, donde el ordenamiento jurídico está para proteger a los débiles de los poderosos con la finalidad de evitar injusticias y desequilibrios sociales, ya que el país es de todos, no es de unos cuantos como algunos lo creen.
Las grandes empresas nacionales e internacionales que venden productos o servicios en nuestro país, y que obtenían los frutos de la sociedad, estaban acostumbradas a no pagar completamente sus impuestos, puesto que el Presidente de México tenía la facultad de condonarlos. Se acostumbraba negociarlo previamente con el candidato a la presidencia a cambio de grandes cantidades de dinero, para que cuando fuese electo se libraran de dicha carga impositiva. Además, estas trasnacionales llevaban a cabo diversos desarrollos y actividades que afectaban gravemente el medio ambiente; tal fue el caso de la explosión en el 2010 a bordo de la plataforma Deepwater Horizon, que tuvo como consecuencia un vertido que derramó millones de barriles de petróleo de la empresa British Petroleum en las aguas del Golfo de México. Sin embargo, aunque el daño fue magnánimo, la reparación del daño fue nula, parte de la impunidad y de los privilegios que se tenían.
Por otro lado, los grandes corporativos se entrometían en el Congreso para impulsar reformas que podrían beneficiarles ya sea en el ámbito presupuestal, financiero o fiscal; y presionaban fuertemente a través de las famosas agencias calificadoras. Si esto no tenía un avance como el que fue acordado, el gobierno podría verse afectado con calificaciones negativas, sacando las divisas invertidas o cancelando la construcción de algún proyecto. Asimismo, el gobierno podría verse amenazado si se trataba de algun beneficio para los consumidores o para negociar bajar los intereses bancarios. A final de cuentas, durante el neoliberalismo, todos los presidentes sabían que era mucho más cómodo negociar y aliarse con las grandes empresas que enfrentarse a ellas. Tal es el caso de la aprobación de las reformas estructurales (neoliberales) que se llevaron a cabo al principio del sexenio Peñista con la unión de las bancadas PRI-PAN-PRD mediante el “Pacto por México”—que ya sabemos que fue contra México—porque los beneficiados fueron las empresas y los políticos que recibieron sus sobornos, afectando al Pueblo de México y la soberanía nacional.
El sector salud era otra área de negocio y oportunidad durante el neoliberalismo porque buscaban privatizarlo. Se dejaron de construir nosocomios y clínicas médicas, que quedaron en total abandono. Las atenciones médicas eran bastante deficientes pues existía una especie de huachicoleo en medicamentos; es decir, se generaban las compras pero estos nunca llegaban a los hospitales, se los robaban en el camino para revenderlos por fuera- Había aprovechamiento en la compra exclusiva y privilegiada para algunas empresas que daban los medicamentos a sobreprecio, en lugar de solidarizarse con un precio justo para beneficiar la salud del Pueblo de México. Se aprovechaban para lucrar, mientas miles de mexicanos morían por falta de atención en la sala de espera.
Con la llegada a la presidencia de Andrés Manuel López Obrador, se impuso una nueva realidad: se terminaron con estos excesos que tenían patentados grupos de intereses creados. Aquellos que se favorecían al tener el poder político en sus manos y que podían confeccionar el orden jurídico para mantener el statu quo de privilegios, fueron viendo delante de sus narices cómo se les arrebataba, y se les disolvía entre sus dedos las prerrogativas a las que estaban tan acostumbrados durante décadas. No por nada tuvieron que hacer campañas efusivas de ataques contra el Presidente, querían intimidarlo y doblegarlo para que dejara de entrometerse en lo que ellos consideraban suyo. López Obrador les llegó advertir a las farmacéuticas: “no quieran jugar a las vencidas” porque no caeré en “comportamientos mafiosos”, y se comprarán las medicinas en otro país del mundo.
Para aquellos que pensaban que el Gobierno que encabeza Andrés Manuel López Obrador iba ser “más de lo mismo”, ya vieron que no. Poco a poco observan que los privilegios se terminaron. La nueva realidad comienza en México y ahora se ve por todo el Pueblo, ya no por algunos cuantos que tenía esa dicha. Por eso, ante su desesperación, PRI-PAN-PRD decidieron unirse como lo hicieron para aprobar las reformas estructurales (neoliberales) durante el peñismo, pero ahora como coalición de partidos políticos llamados “Va por México”. Lo que buscan es rescatar curules de la Cámara de Diputados para ponerle candados al presupuesto y freno a las reformas pendientes. Saben que la única forma de volver a esos derechos exclusivos es mediante la unión de fuerzas, aunado de grandes capitales, ya que no pueden chantajear ni intimidar al Presidente para evitar quitarles los beneficios neoliberales que antes tuvieron.
México enfrenta cambios políticos de suma importancia histórica, que ocurren en medio de una crisis sanitaria y económica. De acuerdo con la edición de junio de 2020 del informe Perspectivas Económicas Mundiales: “sería la peor recesión desde la Segunda Guerra Mundial, y la primera vez desde 1870 que tantas economías experimentarían una disminución de producto per cápita”. Empero, las reformas que se están implementando para el Pueblo se está logrando de forma pacífica y sin violencia, de forma paulatina. Por lo que las próximas elecciones serán de gran importancia, al tener el electorado dos opciones: más Obradorismo a favor de la 4T, o más PRIANRD a favor del neoliberalismo.


