Ciudad de México a 10 febrero, 2026, 7: 03 hora del centro.
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Lo peor de la política

Lo peor de la política

La palabra piltrafa designa a un jirón de carne que apenas tiene más que el pellejo, así como a restos desgarrados de otras cosas, incluso harapos. Metafóricamente, aplicado a las personas, estar hecho una piltrafa se refiere a hallarse en un estado catastrófico en lo moral, como si fuera un resto desgarrado de algo.

Recupero esta definición luego de que este fin de semana Antonio Attolini usara la palabra para referirse a Kenia López Rabadán tras pronunciarse en redes sociales en contra de la llegada a México de tres mil dosis de la vacuna para covid.

Kenia López Rabadán pertenece a esa clase de políticos que, de encontrarse en el poder, hubieran puesto la vacuna a disposición de quienes tuvieran dinero para pagarla, faltando a la responsabilidad del Estado de garantizar ese escaso insumo a quienes más lo necesitan (personal médico, personas con factores de riesgo y adultos mayores).

No lo digo a la ligera, sino con la evidencia de los cientos de hospitales que durante las administraciones ‘prianistas’ se empezaron, se inauguraron y nunca se terminaron, al mismo tiempo que la industria de la salud privada crecía de forma desproporcionada, pues era la única alternativa para los mexicanos ante el desmantelamiento doloso del sistema de salud pública.

Por cierto, López Rabadán, quien ocupa un escaño en el Senado de la República por el PAN, propuso hace poco, en plena crisis sanitaria, una reforma a los artículos 42 y 43 de la Ley sobre el Escudo, Bandera e Himno Nacional, para prohibir los honores al titular de la Presidencia de la República.

Su propuesta no solo evidenció el odio que siente hacia el Presidente López Obrador la clase política de la que ella forma parte y el desprecio que sienten hacia el primer mandatario auténticamente emanado del Pueblo quienes por décadas gozaron de privilegios y practicaron una política de las élites, sino que exhibe lo distraídos que los legisladores conservadores se encuentran y lo alejados de la realidad del país y de los verdaderos problemas que deben atenderse desde el Senado.

Es una verdadera pena que un perfil que desprecia la salud, el bienestar y la dignidad humana presida la Comisión de Derechos Humanos del Senado. No es gratuito que el Pueblo de México los esté llevando, desde el 2018, a la pérdida del registro.
 

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