Cuando vi las imágenes de aquellos profesionales de la salud llegando desde otros estados de la República, convocados por la Operación Chapultepec, me conmovió mucho. Todas aquellas labores que impliquen arriesgar la vida siempre me erizan la piel, sobre todo porque sé que con covid-19 todos estamos en riesgo y que hasta el momento no hay equipos de protección que garanticen al 100% no adquirir la enfermedad. De esta manera, me planteé el caso hipotético de ser yo la que se ofreciera a acudir, así como la angustia que se generaría entre mis seres cercanos, preocupación que estoy segura se equipara a la de más de 600 personas que acudieron a esta convocatoria. Fue un momento impresionante ver a la población gritarles “¡Gracias! ¡Heroínas o héroes!” mientras les aplaudían al júbilo del momento. Pero no son a las únicas personas a quienes quisiera agradecer este año.
Para nadie fue fácil, quizá solamente para las mascotas que nos tuvieron la mayor parte del tiempo con ellos encerrados, pero en mayor o menor medida la pandemia acarreó una serie de problemas salubres, emocionales, económicos y sociales que nos trajo mucho sufrimiento. Con mayor frecuencia, y sobre todo en estas épocas, fuimos conociendo historias que nos debastaron. La muerte materna y la orfandad resultante fueron de las situaciones más dolorosas. Personal de salud que narraba cómo se despedían de colegas con los que habían trabajado toda una vida y que mermaron ante la neumonía. Historias de camilleros que se contagiaron al estar transportando enfermos dejando una sensación de impotencia ante sus compañeros. El personal de enfermería que se veía rebasado ante el número de enfermos y sacrificaba tiempo personal para donarlo a extraños. Quienes perdimos a familiares podemos narrar la manera trágica en la que un virus cambió a nuestras familias. Personalmente vi partir a mi abuelo, pero agradezco que no hubo resentimiento o rencor porque alguien de nosotros no haya seguido las indicaciones de aislamiento social. El virus venció nuestras medidas estrictas de seguridad y llevó a mi a mi madre y a mi abuelo al hospital, solo para arrebatarnos al segundo. Sin embargo, todos los días agradezco que no hay rabia entre nosotros -como es el caso de muchas familias donde no se siguieron las normas de aislamiento social y en muchas ocasiones terminó pagando con la vida alguien que sí se quedaban en casa-. Cada día me llegan más historias así donde el arrepentimiento es el principal protagonista.
Sin embargo, estadísticamente somos tantos mexicanos, que inocentemente parecería que creemos que a nuestra familia no le va a tocar. La gente se engaña con sus reuniones con todas las medidas de seguridad y, encima de todo, en redes sociales vemos bodas, reuniones, brindis, cenas de navidad, cumpleaños, bautizos, posadas y viajes al mismo tiempo que quienes se quedan en casa dejan pasar estas importantes reuniones con frustración y dolor. Me parece que hasta presumir con fotos y videos este tipo de acciones, causa principal de la muerte de la gente, es doloroso para quienes perdieron a alguien o para los que arriesgan su vida para salvar a extraños.
Por eso quisiera decirles que parte de los verdaderos héroes y heroínas son todos aquellos que sacrificaron sus deseos personales por el bienestar de la población, quienes priorizaron la salud de su familia, pero también la de desconocidos. Quienes a casi un año de esta nueva normalidad acataron indicaciones y han logrado que el escenario que hoy es triste, no sea más lúgubre. A quienes no sucumbieron ante la presión social sobre la falsedad de aprender a vivir con el virus, cuando la realidad es que a un microorganismo mortal no se se le enfrenta, se le evita. Gracias a todos aquellos que no minitieron en sus síntomas, que ante cualquier dato de enfermedad no minimizaron el riesgo y se aislaron, para quienes salieron solo a lo esencial, para aquellos que, como regalo de Navidad, le dieron a México salud -algo que, recientemente, comprobamos que el dinero no puede comprar-. Gracias a quienes salvaron a mi madre y a quienes lucharon por la vida de mi abuelo. Gracias al personal de salud que sigue resistiendo, gracias a los científicos que crearon la vacuna. Gracias a las mujeres que gestaron en la soledad y que parieron en estos tiempos difíciles. Gracias a ti, que te quedaste en casa anteponiendo las necesidades colectivas a las personales. Gracias a quienes perdieron su vida en la primera línea de batalla. El inicio del fin se puede ver ya, resistamos un poco más. Feliz año nuevo, que las enseñanzas que nos dejó este sean el mayor maestro para guiarnos en el siguiente.


