México es de los primeros países del mundo en obtener la vacuna para prevenir el virus SARS-COV2 y comenzar su implementación. El gobierno de Andrés Manuel ha hecho un esfuerzo inmenso por combatir la desinformación desde el inicio de la pandemia, así como para promover conocimiento directo y completo acerca de todo lo relativo a la política de salud, incluyendo las nuevas vacunas.
El desconocimiento, así como las distintas maneras de ver el mundo, han orillado a que una generación completa se muestre desconfiada en torno a la vacuna. Estos son los argumentos que yo más he visto y escuchado: por un lado, hay quienes no creen en su efectividad porque consideran imposible que hayan sido creadas tan rápidamente; por otro lado, hay quienes se convencieron de que la implementación de la vacuna es un plan del gobierno mundial para instalarnos alguna especie de chip y controlarnos. También hay quienes aseguran que es el comienzo para modificar nuestro ADN y de largo plazo crear una especie humana distinta.
En lugar de escuchar y leer todas estas teorías desde la burla, el sarcasmo y la superioridad intelectual, tenemos que aprender a escuchar y entender de dónde proviene la desconfianza de estas otras generaciones. En lo personal, creo que este rechazo tiene su origen en profundos sentimientos de desconfianza hacia las grandes empresas farmacéuticas [la cual comparto], pero también de años de no encontrar un Estado que cuide a su población y en el cual se haya podido confiar tanto como ahora.
Yo quiero que mi familia se vacune, pero si no quiere porque le da miedo que le instalen un chip o que haya consecuencias fatales en su sangre ¿qué hago? Primero, creo que debemos aprender a escuchar a todas las personas desde el amor y el respeto y tratar de entender por qué piensan así. Luego, debemos asumir la responsabilidad de informarnos adecuadamente, explicar y convencer de manera permanente desde la paciencia y el acompañamiento mutuo.
En el país, y particularmente en nuestras familias, hay una profunda sensación de desconfianza institucional que en este caso se traduce en el miedo a la vacuna para enfrentar la pandemia. Los hijos e hijas, nietos y nietas tenemos que asumir la responsabilidad de acompañar procesos informativos que tienen por fin último, cuidar a nuestros seres queridos. Evitemos a toda costa las burlas, las humillaciones y los regaños, que más que enseñar, alejan y lastiman.


