Por: José Antonio Munguía
Un logro del neoliberalismo ha sido la exaltación del individualismo. Se ha hecho creer que el individuo es más importante que la sociedad. Así, el individuo pretende y cree que tiene la razón a partir de su criterio, pensando que los demás entienden menos y que desconocen lo que él sí sabe. Sin embargo, resulta que la opinión del individuo no le pertenece sino como reproducción de la formación moral-ideológica de la burguesía para mantener la relación social de producción capitalista.
De esta manera, existe una relación intrínseca entre las relaciones económicas existentes y la representación falaz de estas. El fundamento del “yo” y “mi representación” subjetivizada es la formación ideológica de los centros educativos y de la información que difunden los medios de comunicación. Los planes y programas de estudio de las universidades, normales y demás centros formadores de profesionistas se alinearon a las demandas de la división internacional del trabajo, en la que México entró sólo como país manufacturero y expulsor de mano de obra hacia Estados Unidos.
Por su lado, los medios de comunicación son empresas privadas en las que los empresarios sostienen negocios a partir de la información, adquiriendo ésta una cualidad poco ética. Es decir: los medios de comunicación tejen contratos que dan cuenta de la versión de la realidad que les convino a empresarios y políticos del viejo régimen prianista, en el caso de México. El monopolio y posterior duopolio informativo fue conformado por Televisa y Tv Azteca, quienes han formado en la ignorancia a generaciones enteras de ciudadanos mientras que dictan esquemas de comportamiento en el campo social y político.
No perdamos de vista la relación unitaria entre la forma que implicó el modelo neoliberal y la esencia del modo de producción capitalista. Como modelo de acumulación, el neoliberalismo permitió la privatización de riqueza social y de industrias nacionales, creadas durante un anterior modelo de acumulación que permitió la propiedad estatal-pública. El capitalismo necesita acumular; es decir, subsumir modos pretéritos de producción a la relación de trabajo asalariado y despojar constantemente de los medios de producción (y de vida) a comunidades enteras.
Así, podemos visualizar cómo la información se ha convertido en una empresa privada que cumple un doble cometido: formar en las masas populares y trabajadoras un criterio político, económico y social ideologizado que no cuestiona el origen de la desigualdad social, y la posibilidad de ejercer presión mediante chantajes mediáticos a políticos, burócratas, académicos y otros ciudadanos que se atrevan a cuestionar el funcionamiento de la vida pública nacional.
La opinión individual es una fantasmagórica trampa que exalta la ideología individualista y competitiva, determinada por la clase capitalista en función de sus necesidades en la producción económica y el consumo producido por los consorcios mediáticos. La opinión, aunque sea personal, tiene un sesgo ideológico que es social en tanto que reproduce la subjetividad del mundo capitalista. Por ende, cuando se habla de “opinión pública” se pretende hacer pasar el criterio de los dueños privados de los medios de comunicación como la opinión “de la sociedad en su conjunto”.
Este fenómeno mediático, en nuestro país, no se solucionará solamente con la apertura de espacios independientes de crítica e información. Se necesita de una profunda reforma el sistema educativo a la par, basada en una educación no sólo técnica sino científica. La ideología como falsa conciencia se combate con conocimiento científico, sea en el área de las ciencias exactas, de la saludo de las ciencias sociales y las humanidades. Mediante la discusión se llega al consenso consciente, porque los argumentos con fundamentos científicos limitan la subjetividad, nos hace ver con mayor claridad el fenómeno a estudiar o explicar, desprendiéndonos del individualismo.
@Don_Jochevez
Economista por la BUAP, militante del Movimiento Estudiantil Espartaco de Puebla. Obradorista de base.


