Ciudad de México a 7 febrero, 2026, 7: 47 hora del centro.
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Pueblo al Congreso

Durante la gran noche neoliberal nos vendieron la idea de que la política se hacía en ciertos espacios reservados para las élites de esta clase, como lo era la Suprema Corte de Justicia, el Palacio Nacional, la Cámara de Senadores y, desde luego, la Cámara de Diputados. No olvidemos que este último lugar es donde se concentran aquellos que representan la voluntad del Pueblo, tan extenso, diverso, dinámico y cambiante como es. Sin embargo, durante el periodo neoliberal, legislatura tras legislatura la voluntad de los representados no fue nunca prioridad en la agenda de los representantes, ya que su prioridad era única y exclusivamente ser facilitadores para lo que se dictara en el Ejecutivo. Es decir: no representaban la voluntad de la gente sino del régimen. 

Aunque hoy todavía existe una minoría que afirma que estos lugares deben ser ocupados por una élite -al estilo más oligarca y pasado de moda hace cientos de años-, también actualmente es una realidad que, gracias a la transición democrática gestada con la lucha obradorista desde hace ya varias décadas, este mito neoliberal ha ido perdiendo fuerza dentro de la discusión pública. Ahora es cada vez más común ver a la gran pluralidad del Pueblo mexicano representada en San Lázaro, sin importar su código postal, su clase social, su nivel de estudios, su ocupación, orientación sexual, o su edad.  

En los últimos días, nos hemos enterado del registro de varios jóvenes aspirantes a Diputaciones Federales por Morena como: Alfonso Flores-Durón, Sofía Lameiro, Antonio Attolini, Andrea Chávez y Carlos Zurita, entre otros. Se trata de gente joven que camina sus colonias y hace política a ras de suelo, cerca del Pueblo, sin simulaciones y con una profunda vocación de servir. 

Esto, como era de esperarse, les ha robado la paz a muchos personajes de la tribuna de tuiter, de esos que tienen convicciones cambiantes según su conveniencia y que no conciben la militancia fuera del beneficio personal. Resulta particularmente curioso como entre estos círculos se aplaude la simulación de Movimiento Ciudadano otorgando candidaturas a jóvenes oenegeros -que hasta hace un mes repudiaban toda organización política partidista- bajo el discurso de darle un nuevo aire al partido al estilo priista de hace unos años y que todos sabemos cómo terminó, pero se condena categóricamente a las y los compañeros que tienen años construyendo en el movimiento de la mano de la gente. 

Independientemente de los calificativos que esta minoría le pueda poner a la voluntad política y vocación de las y los jóvenes obradoristas que hoy buscan representar al Pueblo, lo cierto es que, si vamos a hablar de jóvenes ocupando los espacios de la vida pública de México, no podemos dejar de hablar del Movimiento de Regeneración Nacional, pues es aquí donde las juventudes han encontrado un espacio para realmente construir lejos de cubrir cuotas o fungir como caras de movimientos rancios como el viejo régimen nos enseñó. 

No podemos dejar de hablar de Luisa María Alcalde y su lucha por los derechos laborales desde la Secretaría del Trabajo; de Patricia Ortíz revolucionando cómo se hace política desde la Magdalena Contreras; de Marco Sarabia dando la batalla contra el panismo corrupto de la Benito Juárez; de Román Meyer en la SEDATU y de Andrés Lajous en la Semovi repensando el espacio público; de Indira Vizcaíno llevando la Transformación a Colima, o de Dohreny Cayetano, Diego del Bosque y Rosa María Bayardo en el Poder Legislativo, entre tantos otros. 

Como electores la tenemos muy fácil ahora que la oposición se ha unido en ese gran bloque conservador a merced de la clase empresarial a pesar de sus -ni tan- abismales asimetrías ideológicas. Tenemos la opción de seguir votando por la clase política que nos vendió y saqueó sin medida de la mano del narcotráfico, o de votar por un Movimiento que busca regenerar y redignificar al Pueblo de México. Hoy, las juventudes obradoristas, el Pueblo obradorista, va al Congreso para seguir convirtiendo en derechos los privilegios, para seguir combatiendo al conservadurismo que tanto daño le ha hecho al país, y para seguir construyendo en unidad el proyecto de la Cuarta Transformación de la vida pública de México. 

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