Ciudad de México a 9 febrero, 2026, 17: 44 hora del centro.
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El INE toma partido

El INE toma partido

En días recientes, el consejero presidente del INE, Lorenzo Córdova, anunció por medio de un video en redes sociales que las conferencias mañaneras del titular del Ejecutivo, Andrés Manuel López Obrador, no deberán ser transmitidas de manera íntegra desde el 4 de abril hasta el final de la jornada electoral. Justifica lo anterior diciendo que “deben mantenerse las condiciones de equidad y legalidad en la competencia política, y el INE las va a salvaguardar conforme a sus atribuciones constitucionales”. Aquí lo que yo me pregunto es: ¿lo ha hecho? ¿lo está haciendo? Porque distintos sucesos recientes y de elecciones pasadas nos hacen creer que su función objetivo —ser como árbitro y ente regulador de los procesos electorales— no ha sido llevada a cabo con verdadera imparcialidad. Como hecho histórico tenemos el fraude comprobado en las elecciones de 2006; como actos recientes la hipocresía del consejero Ciro Murayama al pedirle a Citlalli Hernández, Secretaria General de Morena, no tuitear sobre el proceso que se llevaba a cabo en Coahuila e Hidalgo, mientras que nada se hizo sobre las documentadas desapariciones de casillas electorales. Eso, claro, entre diversos sucesos.

Sabemos que el sueño liberal de construir órganos autónomos con miembros absolutamente objetivos, sin intereses políticos y sin ningún tipo de preferencias individuales o colectivas —gente cubierta por lo que Rawls denominaba el “velo de la ignorancia”— no existe, y esta confrontación entre el Presidente de la República y Lorenzo Córdova no hace más que confirmarlo. Quizá si no viéramos a este último participando en foros donde habla del populismo como algo meramente polarizador y perjudicial —y resulta obvio a quien se refiere—, o catalogando de propaganda electoral a una herramienta fundamental utilizada para comunicar de primera mano avances en materia de salud y economía en un momento tan crucial, podríamos creernos el cuento de la objetividad total. Es más, muy probablemente todo este conflicto no hubiera ocurrido de haber existido un exhorto al mandatario de la República a no tocar temas electorales/partidistas en tiempos de campaña. Esto, además de haber sido una propuesta más comprensible que cumpliera con los objetivos buscados, descartaba lo escandaloso que ha resultado todo. 

Bueno hubiera sido que la atención que ahora le ponen a dos horas de diálogo frontal con la gente se le hubiera puesto al despilfarro de dinero invertido en los comicios de 2012, cuando Enrique Peña Nieto resultó ganador, y que culminó, al día de hoy, en que muchos personajes de su gobierno sean investigados por la FGR; o a la Estafa Maestra, que funcionó para desviar cientos de millones de pesos para la campaña de Alfredo del Mazo en el Estado de México; no nos vayamos tan lejos, a la actuación del PRI en las elecciones de 2020 en las que dicho partido operó casi como una agrupación de crimen organizado al levantar y golpear candidatos, comprando voluntades y buscando cualquier forma de evadir la ley. No olvidemos que, si hoy estamos donde estamos, es porque el Pueblo se organizó en 2018 y pudo conseguir que no hubiera manera posible obstruir su triunfo.

Como diría el gran historiador político Arnaldo Córdova hace varios años: “es cierto que el Estado mexicano ha sabido interpretar y hacer suyas las aspiraciones de las masas, que al dar satisfacción a esas aspiraciones se ha forjado un consenso y que el desarrollo de México es concebido como el modo en que, cada vez en mayor medida, seguirá satisfaciendo esas necesidades. Ello no obstante, las aspiraciones de las masas han sido limitadas de por sí o el mismo Estado se ha encargado de limitarlas”. Actualmente las riendas del Estado las tiene un gobierno en el que las masas —el Pueblo— se ven reflejadas y que da avance a sus demandas pero, curiosamente, es el hijo de quien escribiera la cita anterior quien pretende limitar las aspiraciones de la mayoría.

Con lo dicho a lo largo del texto no pretendo echar en saco roto toda la labor que realiza o ha realizado el INE —IFE en el pasado—, sino hacer constatar que muchísimo ha quedado a deber, principalmente ante el inmenso sector que no se ve representado en los partidos conservadores o que ha sido vulnerado por ellos. En ese órgano autónomo necesitamos menos gente que quiera protagonizar la discusión pública constituyéndose a sí mismos como paladines de la democracia por medio de una supuesta despolitización de su labor, y más personas que asuman que forman parte del juego político con responsabilidad y compromiso tanto con la República como con las y los mexicanos.

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