No existen las transformaciones de la noche a la mañana. No hay movimiento, revolución o insurrección que logre transformar la estructura política, económica y social de un momento a otro. Los grandes cambios de régimen a través de la historia se han logrado luego de años o hasta décadas de lucha contra el orden establecido.
En el caso de México así ha sido. La Independencia (1T), Reforma (2T) y Revolución (3T) fueron procesos larguísimos en los que hubo contradicciones, cambios de líderes, batallas ganadas y batallas perdidas. Ninguna de las tres transformaciones anteriores fue fácil, por lo que no hay ningún indicio de que esta lo será.
El Gobierno de la Cuarta Transformación, encabezado por el Presidente Andrés Manuel López Obrador, llegó al poder luego de más de tres décadas de inoperancia del Estado, funcionarios públicos descomunalmente corruptos y una colusión total del poder económico en los asuntos públicos. Cambiar ese orden y revertir el rezago en todas las áreas públicas no solo llevará más de un sexenio, sino también, esfuerzo, paciencia y, sobre todo, de una constante disputa política para dar cuenta de los avances, así como evitar regresar a los viejos tiempos de privilegios.
A veces perdemos de vista de dónde veníamos y se nos olvida contrastar las diferencias que hay entre esta administración y las seis del PRI-AN. Para explicar los sucesos de hoy, siempre debemos tener en mente qué tipo de gobernantes teníamos. Ante una nueva noticia siempre hay que preguntarnos: ¿qué habrían hecho los anteriores presidentes?, ¿cuál sería el escenario si las elecciones las hubiera ganado Anaya o Meade?, ¿queremos regresar a la vieja política?
En el tema de las vacunas contra covid-19 es clara la diferencia con los gobiernos anteriores. México se encuentra dentro de los 15 países con más inmunizaciones aplicadas y es el puesto número 1 en toda América Latina. Además, gracias a la labor de la Cancillería, nuestro país ya tiene acuerdos con distintas farmacéuticas del mundo para garantizar el acceso a la vacuna a toda la población.
Desde luego, para los medios conservadores y voceros de los partidos de viejo régimen, esto no es suficiente; sin embargo, me parece importante reflexionar dónde estaríamos si nos gobernaran quienes no pudieron pavimentar las calles de cabeceras municipales, quienes dejaron cientos de hospitales sin terminar, quienes entregaban a empresas privadas todos los servicios públicos y ofrecían agua destilada en lugar de medicinas de quimioterapias a niños con cáncer. El contraste es más que evidente. Por supuesto que la situación sanitaria no es la ideal, pero es importante insistir: tan solo hace 3 años nos gobernaba una banda de criminales que lucraba con los desastres naturales y el hambre de la gente, utilizaba los programas de salud y bienestar para campañas políticas y el pago de favores.
La Jornada Nacional de Vacunación probablemente se extienda hasta el 2022. Quizá, en un mundo ideal, se inocularía al total de la población en unos cuantos meses, pero hay que tener en cuenta que el sistema de salud que se heredó del neoliberalismo, la posición frente al mundo en la que dejaron a México y la falta de recursos públicos hacen que sea imposible.
La vacuna será universal y gratuita, y México es de los pocos países que puede decir, hoy, que toda su población la recibirá. No es cosa menor. Es hasta para celebrarse y se debe analizar como un logro. Si nos gobernara el PRI o el PAN, no solo no habría vacuna, probablemente el dinero destinado para ello ya se lo habrían robado.


