El pasado noviembre durante una mañanera le cuestioné al Presidente López Obrador la continuidad del entonces Director General del Politécnico, el Dr. Mario Alberto Rodríguez Casas; le mencioné, además, diversas situaciones de corrupción e impunidad que vivíamos en el IPN bajo su cargo.
¿Cómo llegamos a esto si el Dr. Mario era alguien muy respetable para mí?
En 2019 me reuní con él en mi calidad de representante estudiantil de la Escuela Superior de Medicina (ESM) para conversar sobre el panorama de mi Escuela.
Foto: Fernanda Mendoza
En ese momento la ESM cumplía casi un año con un Director Interino, con dos subdirectores que ya habían rebasado el tiempo de su mandato, con opacidad en la administración de recursos, con contrataciones de profesores sin el debido proceso, habían ocurrido dos asaltos con comandos armados en diciembre y posteriormente un secuestro al Exdirector que intentó frenar todo este ambiente de impunidad, la punta del iceberg.
Le mostré las pruebas de lo anterior, le mostré que la elección del Consejo Técnico Consultivo Escolar (CTCE) estuvo controlada por un grupo selecto de alumnos y profesores para avalar la corrupción desde este órgano consultivo.
Le comenté que seguí la vía institucional, que impugné la elección con todas las pruebas necesarias y sorprendentemente había sido aceptada desde el área central. ¿Qué salió mal? El día que asistí por mi respuesta positiva, el documento había desaparecido y la rabia recorría mi sangre una vez más.
Me respondió, sin ningún reparo, que había sido él quien solicitó ese documento de vuelta. Me argumentó que no se podía determinar una resolución porque la Escuela no había mandado su informe de los hechos (cuando había estrictas fechas para enviarlo); es decir: que aquella corrupción que yo denunciaba fue la herramienta para salir a flote. Yo no podía creerlo.
El Dr. Mario lo sabía, los conocía a todos y sabía lo que ocurría en la ESM, pero nunca les puso un alto. Al contrario, los premió. A los pocos meses, nombró Director de la ESM a quien fuera el Subdirector de Servicios Educativos, cuyo departamento de becas fue responsable de las 776 becas de estudiantes canceladas y cuyo monto ascendió a 6.7 millones de pesos.
En aquella reunión, me demostró que su compromiso iba en sentido contrario a su discurso de la 4T: solo buscaba su ratificación un periodo más. Si esto sucedía en la Escuela Superior de Medicina, puedo asegurar que en otras Escuelas era lo mismo: la administración del fideicomiso no fue correcta y que su periodo fue corrupto de inicio a fin.
Lo último que me dijo aquella vez fue: “pero Fernanda; la vida no se acaba, ¿por qué no participas en el proceso del próximo año?”. Espero haya seguido su mismo consejo cuando el Presidente decidió cambiar al Director General del Poli.
¿Qué tenemos hoy en la ESM? Un coordinador de internado y otro de servicio social sin cédulas profesionales, no hay Subdirector Administrativo, no hay Subdirector de Servicios Educativos, un Subdirector Académico con 5 años en el cargo (el periodo dura 3 años) y la cereza del pastel, un Director denunciado por acoso y sin título de posgrado, a pesar de que un requisito para ser Director de cualquier Escuela del IPN es tener estudios de posgrado.
Todo lo anterior ya fue entregado a la Secretaría de la Función Pública y al nuevo Director General nombrado por el presidente López Obrador. Esperemos que esta administración sí cumpla con su compromiso de barrer las escaleras de arriba para abajo y no sea más de lo mismo.


