junio 14, 2021

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miércoles, 20 enero, 2021
Trump no es la enfermedad, es
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Trump no es la enfermedad, es un síntoma: crisis de la democracia liberal

Al tiempo que los lectores tengan esta columna en sus pantallas, Joe Biden habrá tomado posesión como el 46º Presidente en la historia de los Estados Unidos de América. Biden tendrá mayoría en la Cámara de Representantes y en el Senado, donde la Vicepresidenta Kamala Harris —la primera mujer en la historia en ocupar el cargo— contará con el voto decisivo en caso de empate.

Contario a lo que algunos opinólogos piensan, el cambio de mandato presidencial no parece ser el fin del trumpismo, y mucho menos de las sistemáticas condiciones de opresión bajo las que los sectores vulnerables del pueblo estadounidense se desarrollan. Esto, toda vez que Donald Trump resulta ser un síntoma y no la enfermedad en sí misma. La enfermedad es en realidad la crisis de la democracia liberal alrededor del mundo, misma que ha alcanzado a Estados Unidos debido a que carece de cualquier sentido real de representatividad de la voluntad popular. 

El asalto al Capitolio fue la gota que derramó el vaso de un proceso que se ha gestado durante años, incluso a  lo largo de toda la historia de Estados Unidos. Desde su constitución como estado-nación —con claros y múltiples pasajes racistas en su Carta Magna, llamando “indios salvajes” a las comunidades originarias— Estados Unidos ha arrastrado serios problemas en consolidar instituciones que no se tornen oligárquicas en su actuar, sino que, por el contrario, realmente respondan a la voluntad popular.

 Lo anterior es claro en el uso del colegio electoral como método de elección popular. Detrás de él, se encuentra la idea de que el Pueblo no es capaz de elegir directamente a sus representantes y que, por tanto, es necesario designar a 304 electores que encarnen su voluntad. Esencialmente, detrás de dicho sistema se encuentra un miedo irracional a la emancipación del Pueblo. Originalmente, los padres fundadores de Estados Unidos optaron por este mecanismo para “evitar que algún loco llegara al poder”. Irónicamente, ha sido el Colegio Electoral lo que otorgó la Presidencia a cuatro diferentes individuos que, a pesar de perder el voto popular, ganaron el electoral. Entre ellos… Donald Trump. 

Por otro lado, sabemos que después de la Guerra Civil en 1865 se dio fin a la esclavitud legal. Pero parte de la enfermedad que hoy es la crisis de la democracia liberal fueron instituciones que, por su carácter oligárquico, nunca lograron dirimir los grandes conflictos sociales que reproducen el racismo, la xenofobia y la sistemática desigualdad con la que se constituyó Estados Unidos. Ejemplos sobran, desde el destino manifiesto y la expansión territorial —que implicó el exterminio entero de grandes comunidades indígenas originarias— hasta los claros abusos policiales en contra minorías como la comunidad afrodescendiente, que ha conllevado innumerables tragedias. 

En ese sentido, será difícil que sin cambios estructurales profundos que busquen dirimir los arraigados conflictos sociales y combatir seriamente la desigualdad de la sociedad estadounidense algo cambie en la administración de Biden. Al contrario, ha sido él parte de las administraciones que de una u otra forma —por ejemplo, por medio del olvido de muchos a costa del privilegio de pocos— creó al monstruo que es Trump. 

Monstruo que podrá o no retirarse de la política, incluso enfrentar un juicio político que le impedirá ostentar algún cargo de elección popular—parece que será así— pero que, sin duda, ha avivado el conflicto racista y de opresión económica que históricamente ha azotado Estados Unidos. Mismo que la democracia liberal simplemente ha ignorado. 

¿Es realmente una democracia aquella donde puede gobernar alguien electo por la minoría? ¿Qué sentido tiene instituciones sólidas que no responden a necesarios procesos de reconciliación histórica? ¿Cómo será Biden la solución, al ser parte del problema que engendró a Trump? 

Para entender el proceso mundial, debemos saber que Donald Trump no puso a la democracia liberal en crisis. Fue la crisis de la democracia liberal, la desigualdad y el racismo sistemático los que, por el contrario, crearon a Donald Trump. Y habremos de analizar las preguntas planteadas si queremos entender el devenir de nuestro vecino al norte y potencia más importante en la historia contemporánea mundial.

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