O, preguntándolo de una manera más directa: ¿puede una dentista con doctorado en biología oral opinar sobre el manejo de la pandemia de covid-19 en México? La respuesta es obvia: claro que puede. Ella y todo el mundo.
No debemos caer en la tentación de censurar la posibilidad de que personas no-expertas opinen sobre los asuntos públicos, así sean asuntos técnicos. Esa es, de hecho, una de las reivindicaciones de nuestro movimiento, por contra del pensamiento tecnocrático elitista que pretende que el gobierno sea asunto solo de “técnicos” y “expertos”.
Cuando el mecanismo de insaculación, llamado coloquialmente “tómbola”, permite que militantes de base de Morena sean quienes ocupen buena parte de las posiciones como diputados plurinominales que le correspondan al partido, una gran indignación se dejó sentir en medios de la derecha y en la opinión de los whitexicans acostumbrados a tener por representantes exclusivamente a cierto tipo de personas. Lo mismo ha ocurrido en respuesta a la designación de valiosos compañeros en responsabilidades de gobierno supuestamente sin credenciales para hacerlo, así que pienso que debemos reivindicar con toda claridad que una dentista tiene derecho a cuestionar el manejo de la pandemia en México.
Ahora bien, el problema con la doctora Laurie Ann Ximénez-Fyvie, no es que opine sin ser experta, pues muchos lo hacen, o hacemos. El gran problema es la manipulación grosera y el insulto a la inteligencia ya que han venido presentándose durante varios meses como “experta” en el tema, a veces explícitamente, a veces en forma velada, echando por delante sus títulos académicos, pero manipulados para engañar. Se dice: “La doctora en Ciencias médicas por Harvard y directora del Laboratorio de Genética Molecular de la UNAM” para presentarla, y en el libro que escribió, no tiene empacho en poner en la portada “Doctora en Ciencias Médicas por la Universidad de Harvard” y “Jefa del Laboratorio de Genética Molecular de la UNAM”. Nada de eso es falso, pero claramente es manipulador porque omite que su doctorado, y toda su educación y actividad científica conocida, es en el terreno de la odontología, especialización que no es lo mismo, ni cercana, que la epidemiología, la inmunología, virología, gestión de salud, etc…
Entonces, las opiniones de la doctora pueden o no ser válidas, pero no son de una experta, ni es ella una voz autorizada en la materia, como se pretende hacer creer. La odontología se parece tanto a la epidemiología como la gimnasia a la magnesia. Entonces ¿para qué echar por delante sus títulos académicos, si no son relevantes para el tema que desarrolla? La intención es manipular, engañar a las audiencias, y que piensen que están escuchando a una experta, que supuestamente dirigiría incluso un laboratorio en el que podrían estudiarse fenómenos como el del virus SARS-Cov2 en la máxima casa de estudios, cuando en realidad se trata de una especialista en un área completamente diferente, y dirige un laboratorio que trabaja en el área -obviamente también importante, pero no para entender covid-19, sino la investigación odontológica.
Habría que preguntarnos ¿cuál es la intención de presentar como experta a alguien que claramente no lo es y abrirle foro en los grandes medios de comunicación? ¿Cuál es la utilidad pública de otorgar amplios espacios a una improvisada en la materia para que despotrique contra el equipo, ese sí incuestionablemente experto, que lidia día a día con la crisis de salud más importante en la historia reciente del mundo? ¿Qué aporta un libro que en su portada ya anticipa en ensañamiento contra un servidor público? ¿Es válido pretender que el Dr. López-Gatell es semejante al médico Josef Mengele, quien estuvo al frente de uno de los más atroces eventos de la historia médica, como la experimentación nazi con prisioneros?
Hay un elemento más. El periodista Luis Guillermo Hernández (@luisghernan) mostró el pasado viernes 22 de enero en su cuenta de Twitter que la doctora en cuestión había recibido recursos a través de una fundación ‘FUNSALUD’, ligada a las empresas de comida chatarra, que estuvo activamente en contra del etiquetado claro -que promovió, entre otros, el Dr. López-Gatell-. Sería bueno que se aclarara si la elaboración y extensa promoción del libro de la doctora Laurie Ann ha sido financiada o recomendada por las empresas de comida chatarra que tienen una gran animadversión contra la Secretaría de Salud y quienes, desde ahí, han impulsado límites a su voracidad destructiva.
Entonces, bienvenido el debate, pero sin manipulación, con honestidad sobre afinidades políticas, formación profesional, experiencia y… financiamiento.


