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domingo, 31 enero, 2021
¡La vacuna rusa nos va a inocu
  • Actualidad

¡La vacuna rusa nos va a inocular el comunismo!

Septiembre de 1973. Poco antes del golpe de Estado que derrocó ilegítimamente al presidente chileno Salvador Allende, en ese país corría el rumor -propalado por las milicias pinochetistas y futuros funcionarios de la dictadura- de que el gobierno socialista planeaba destruir la bandera chilena para sustituirla por una roja; obligaría a los niños a aprender ruso en las escuelas y mediante la leche que ahí se les daría les implementaría el sovietismo.

México, 1938-1942. Circula en el país una revista pronazi, antisemita y delirante llamada La Reacción (¿?), donde colaboran conspicuos fascistas mexicanos como el Doctor Atl, y también colabora la plana mayor de los fundadores del PAN: Manuel Gómez Morin, Aquiles Elorduy y Gustavo Molina, entre otros. La revista es un panfleto estrambótico que promueve delirios conspiranoicos, reproduce atavismos discriminatorios de la Edad Media (como el anti-judaísmo) y pinta caricaturas grotescas contra Franklin D. Roosevelt y Lázaro Cárdenas… a quienes pintan como socialistas que inoculan el comunismo a la ciudadanía mediante jeringas.

Argentina, 2020. El gobierno de Alberto Fernández prioriza la vacuna rusa -llamada Sputnik- contra covid 19 y la emplea para inmunizar a la ciudadanía. La derecha más rupestre del país retrae atavismos de la Guerra Fría y crea sospechas contra la vacuna, que bajo coartada de “escepticismo por la calidad de la vacuna” esconde anticomunismo delirante.

México, 2021. El presidente López Obrador entabla tratos con el gobierno ruso a fin de adquirir millones de dosis de la vacuna Sputnik. De nuevo, bajo argumentos disfrazados de “preocupación médica por la mala calidad de la vacuna”, se esconden resabios propios de la época más oscura del siglo XX.

Poco importa que la vacuna rusa esté aprobada por una institución médica prestigiada que existe desde hace más de 120 años. Poco importa que Ángela Merkel esté colaborando con Putin para que la vacuna pueda ser aprobada y usada en la Unión Europea, ante los resultados que ofrece (no muy distintos a los de las otras vacunas).

Todo ello se obvia y se señala, con una omisión también delirante, que la vacuna rusa sólo se usa en “Venezuela y Bielorrusia” … como para dar la impresión de que sólo una especie de eje del mal sanitario recurre a brebajes soviéticos que inoculan el comunismo o lo refuerzan. Cosa curiosa que los Emiratos Árabes, Hungría, Argentina, Serbia, Paraguay o Argelia la empleen también.

¿De dónde viene la fobia anti rusa que hoy en México hace que un sector de la población y de la comentocracia en bancarrota moral exponga su “escepticismo” contra la vacuna rusa?

Sería darles mucho crédito a las fantasías febriles de León Krauze y su pandilla que, en 2018, haciendo malabarismos que dejarían boquiabierta a Pati Navidad, especularon una intervención rusa en la elección mexicana, usando como pista el hecho de que John Ackerman tenía un espacio de Opinión en el medio ruso RT. Luego, Ackerman está casado con Irma Eréndira Sandoval, que es colaboradora del tabasqueño. Ergo, ante ese vínculo innegable, queda desentrañado el perverso plan con el que Putin quería adueñarse de México y por eso jugaba ajedrez político trasnacional imponiendo al de Macuspana en Palacio Nacional.

Diría el gran Rius, burlándose de los entes similares a los Krauze de 1967: seguramente lo que Putin y el Kremlin querían era robarse la fórmula de los chilaquiles.

La rusofobia inherente al “escepticismo” contra la vacuna Sputnik es algo que no le podemos achacar a personajes tan menores como los Krauze y su horda de umpalumpas, sino que es un fenómeno histórico que marcó buena pauta del siglo XX.

Dentro de la mentalidad reaccionaria ha sido persistente la idea de que una “amenaza externa” está en constante acoso contra los valores tradicionales de determinada sociedad. El triunfo de la Revolución Bolchevique en 1917, y sobre todo el pacto de paz que Rusia entabló con Alemania en el Marco de la Primera Guerra Mundial en 1918, maximizó los temores atávicos de las élites conservadoras en Europa y Estados Unidos, que vieron en ello una inminente amenaza expansionista: un naciente imperio comunista -alentado por los resabios del imperio Alemán y confirmado por los bolcheviques- dispuesto a salirse de sus fronteras e infiltrar todos los países en pos de la añorada y marxista Revolución Mundial.

Esa forma de pensar dejó de ser un delirio paranoico y se convirtió en la base sustancial y sostenida de la poderosa política exterior estadounidense en la Guerra Fría en 1947, y se tornó en un miedo instrumental, adoptado por élites políticas del tercer mundo, en aras de fortalecerse políticamente, aunque en sus latitudes los rusos no tuvieran ni la menor de las injerencias.

Así, la Guerra Fría tuvo como gran distinción en países periféricos a una cúpula poderosa y conservadora que buscaba, bajo todos los medios a su alcance, incluidos los más violentos, combatir la ubicuidad soviética. Bajo ese pretexto se perpetraron los peores crímenes y las peores dictaduras en América Latina en la segunda mitad del siglo XX. 

Si bien México no pasó por una dictadura prolongada y abiertamente anticomunista, sí padeció los estragos que a su nombre se hicieron. La “guerra sucia”, la represión de 1968, el linchamiento de Canoa (bajo la consigna “cristianismo sí, comunismo no), fueron puntales de cómo esa paranoia a la defensiva contra el rival externo, soviético y ruso pintó a esa nación euroasiática como un enemigo permanente.

¿En dónde se ancla esta noción? La realidad es que la paranoia reaccionaria no nació con el origen de la Unión Soviética, sino que es una neurosis anti-iluminista y oscurantista que se remonta a la Edad Media: la tradición conservadora de pensar que sus enemigos son necesariamente una especie de marioneta infiltrada por el mal. Si en algún momento ese mal fue el diablo, en el albor del siglo XX fue el despotismo prusiano, para luego dar paso al monstruo ruso, que se mantuvo vigente por casi todo el siglo XX.

Luego de centurias de “razonar” así, y luego de casi un siglo de achacar a los rusos todo el mal posible… ¿era esperable que los reaccionarios mexicanos se actualizaran en sus antagonismos, cuando son un sector que mentalmente sigue viviendo en la Edad Media? 

En la Guerra Fría, las taras rusófobas fueron coartada para diversas represiones y actos autoritarios. Hoy, esa rusofobia lleva a despotricar contra una vacuna en plena pandemia. Cosa curiosa que los epígonos de esa oscurantista postura invoquen al escepticismo sanitario para mantener vivos sus odios más mortuorios. 

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