Ciudad de México a 10 febrero, 2026, 6: 16 hora del centro.
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Traficantes de sueños

Amigos queridos:

Estamos a un año del inicio de esta pesadilla llamada pandemia por covid-19. Pasamos de una normalidad a toda una ‘anormalidad’: de pronto estábamos haciendo nuestras vidas cotidianas y en un segundo ya veíamos cómo personas gandallas saqueaban supermercados acaparando y comprando insumos de primera necesidad (dejando a otros que compran su despensa día a día sin nada que adquirir y comer); a otros, criticando desde sus albercas y mansiones a quienes salían diario a ganarse el pan y la sal para ellos y sus familias. Pues sí, señores, nos heredaron un país con desigualdad extrema donde millones de seres humanos viven al día mientras otros compran cualquier cantidad de medicinas, vitamina C, paracetamol, alcohol y cuanta cosa se les ocurre como si se pudieran tomar 30 pastillas diarias, desprotegiendo a otros. 

Pasamos de ver cómo colaboradores fieles y leales de ciertas empresas, quienes por años o décadas habían engrandecido en ese barco, de pronto y de la nada, por la pandemia, eso ya no era tomado en cuenta y fueron despedidos sin ningún tipo de consideración. Algunos casos específicos fueron muy sonados; en otros, se obligó a trabajar a sus colaboradores en espacios no seguros y retando a la autoridad de forma voraz. También vimos a la señora metida en su burbuja de vida y mundo rosa, que le dijo a sus trabajadoras del hogar: “Se van al pueblo sin goce de sueldo o se quedan encerradas aquí sin salir más, si se van yo le aviso cuando volver; mientras no les voy a pagar” o señoras diciendo a sus chóferes: “Ahora ya no le pagaré por semana , solo venga dos días a la semana y esos son los días que le pagaré”, vimos personas diciéndole al jardinero: “No vuelva a venir hasta que acabe esto”, sin pensar en que lo dejaría sin comer a él y a su familia; o al plomero o electricista diciéndole: “no le puedo pagar y regrese a terminar hasta que termine esto” o “Luego vemos lo de tu pago”. También presenciamos a quienes no perdonaron ni un centavo de renta y encima querían más y más; otros que condonaron algunos meses y otros que hicieron un descuento para preservar ya sea un negocio u hogar. Vimos cómo sacaron ventaja encareciendo el oxígeno y los tanques como mercenarios, robándolos y creando un mercado negro ambiciosamente cruel. Hubo hurto y saltos en la fila de vacunas, viajes a otros países haciéndose pasar por residentes para obtener dicha vacuna y violando reglas y leyes de esos países -jactándose de ello-, insultos a personas nombrándolas “jodidas y muertas de hambre” aprovechándose de su triste y penosa notoriedad en medios saliendo, cuando el único jodido del cerebro y del espíritu ,es quien expresa y hace ese tipo de acciones. Otros, con todo cinismo, prometieron a cambio del voto de las elecciones de mediados del 2021: “Traerles vacunas” según  así fuere de privados, lo cual suena a una falacia, pues en el mundo entero están escasas para todos los gobiernos por producción de los distintos laboratorios, ahora resulta que candidatos a ciertas posiciones prometen traer 1,500,000 de vacunas para seguir con el juego de las oposiciones. Parece como si nos sentenciaran súbitamente estos nuevos entes que aspiran al voto a toda costa: “dame el voto………y te doy la vida”.

Señores contendientes, opositores a todo y a todos que en el mundo entero, espero que les quede claro que muchos de ustedes han buscado politizar la gestión de la pandemia y la vacunación de una forma agresiva, lacerante, cruel, desinformada y tergiversada, llenando de miedo e incertidumbre a la población para buscar la desestabilización. En nuestro caso,  el gobierno federal ha estado dispuesto y lo sigue estando -contra viento y marea- a atender esta pandemia con todo y las múltiples deficiencias que la administración actual heredó gracias a décadas de abandono en ciertas áreas del sistema de salud, corruptelas y compadrazgos en la compra de medicamentos, un severo abandono de hospitales que dejaron a medio construir para justificar el gasto (porque no se le podría llamar inversión a un hospital no terminado). Seamos claros y hablemos en la terminología correcta: dejaron un déficit de médicos especializados en las plantillas de varias dependencias de salud y no es de culpas, sino de responsabilidades. Que cada uno asuma la suya con honor, porque el caos no se origina por ósmosis sino por causas que lo van induciendo.

Quiero manifestar que ningún gobierno o gobernante en el planeta estaba preparado para algo así; cada uno con sus realidades y circunstancias económicas, de infraestructura médica y hospitalaria, de recursos humanos disponibles para la atención de la misma de las características colectivas de salud de su población y sus hábitos y costumbres ha enfrentado esta pandemia con entrega, quizás unos más audaces que otros, pero eso no los hace poco profesionales, sino humanos (como tú y como yo, que tuvimos que enfrentar en casa, en el trabajo, en la salud, en la economía, con hijos, con familia, con todas vicisitudes esta pandemia). Unos de una forma y otros de otra, pero no por eso quiere decir que unos son competentes y otros incompetentes ante una pandemia que llega de sorpresa y afirmó que todavía no acabamos de conocer al 100%, ya que diario seguimos aprendiendo por las variantes y mutaciones. Señores: nadie nace y crece sabiéndolo todo, hay que caminar por el sendero para poder reconocerlo y quizá después ya correrlo a velocidad y precisión.

Esta pandemia ha atropellado a usted señora, señor, chavo, chava, adulto mayor, niño, niña, al igual que yo, porque a todos nos tomó por sorpresa y ha sido una sacudida tremenda en todo sentido. También a los gobernantes del mundo que vieron diluidos todos sus planes de desarrollo y gestión de mandato ante esta penosa y lacerante situación; que conste no es justificación, es ponernos en los zapatos de todos, porque cada vida tiene una historia y cada historia tiene una vida. Por eso no cabe la oposición o politización en una pandemia, tampoco cabe la culpa sino la responsabilidad; cabe la unidad y el trabajo en equipo de cada sector de esta sociedad; cabe sumar coincidencias y dejar a un lado las diferencias, porque aquí se trata de vidas, no de colores ni sabores. A esos individuos o colectivos sectoriales que les queda el saco, ya dejen atrás los sinsabores, dejen atrás la mezquindad de todos los días para atacar y traficar con los sueños de la humanidad: todos estamos desgastados, nadie tiene la culpa, dejen atrás su oposición y demuestren que son patriotas a esta y a toda nación donde vivan, así como que son leales y solidarios con su población, porque también he visto personas burlándose de la desgracia ajena o de la enfermedad de su adversario, deseando toda clase de cosas deleznables con mezquindad. Ustedes, los traficantes de sueños, acaban comerciando hasta con los que quieren sanar, pero que ustedes los quieren ver enfermar y así sus ambiciones materializar. ¡Paren ya! La vida no es un juego de poder, sino un camino para crecer y tenderle la mano a los demás para reverdecer; dejen a los gobiernos hacer su trabajo en paz y si van a aportar, que sea de forma constructiva y edificante en unión, no trafiquen con nuestros sueños. Saldremos adelante, permitan que los gobiernos ejecuten su plan de vacunación para toda la población de forma gratuita, seguramente todos se podrán sumar a colaborar en el momento que exista la cantidad que de abasto a la mayoría de la sociedad. 

También vimos familias desunirse y otras unirse; matrimonios afianzarse y otro divorciarse; fiestas clandestinas y aglomeradas; señoras y señores prepotentes que creen que “sus zapatos valen más que la dignidad de preservar una y mil vidas”; otros que, por una pizza, fueron capaces de destrozar y denostar, y algunos que, por entrar antes y sin protección al mercado, hicieron sentir al de al lado como que no importaba dejar su corazón destrozado. Hemos visto hospitales a reventar ,funerales y panteones vacíos de familiares ante las restricciones. Qué contrariedad que la vida nos está poniendo a vislumbrar: muchos dispuestos a enfiestarse y aglomerarse para luego tener que enterarse que algún familiar estaba por escaparse de este planeta y necesita ya sanarse. Vimos personas desear lo peor, haciendo lo peor, los vimos morir sin poderse despedir; vimos golpistas y mercenarios de las letras y la expresión en medio de la pandemia sin ningún respeto a la población; vimos grupos que se aliaron para capitalizar los efectos de la pandemia en un intento por derrocar las administraciones actuales globales; vimos personas claudicar y abandonar el barco a la mitad; vimos personas manifestarse y desgarrarse. Vemos y seguimos viendo personas; seguimos perdiendo personas y pensando que somos simples números, cuando podríamos aspirar a conseguir una verdadera humanidad con fraternidad dándole valor a cada individuo. 

Me pregunto qué tanto requiere nuestra sociedad para evolucionar, cuándo podremos dejar de señalar a quien este mundo quiere mejorar y transformar, cuándo les daremos a todos una oportunidad, cuándo se acabará el clasismo, racismo y elitismo… ¿Será que nos acabemos antes los unos a los otros? ¿Será que la humanidad es tan mezquina que está dispuesta a dejar morir a su prójimo en cada esquina? ¿Será que esta pandemia no nos deje ningún tipo de aprendizaje? 

Meditemos un momento que mientras los médicos, enfermeras y todo el personal directo e indirecto que participa en dichas tareas, arriesgan su vida y la de su familia por salvar la tuya. Estaba alguien ya preparando su escupitajo, su agresión,  su discriminación hacia esos héroes de la nación y salvadores de la población, sin saber que quien le escupía al personal médico estaría tarde que temprano -quizás el o algún familiar- en una sala de espera o de cuidados intensivos con ese mismo que ahora lo entubaría. O ese vecino que tanto te criticó y jamás te saludó, hoy recibía alimento al pie de su puerta pues le había dado covid-19 y vivía completamente solo. O esos que decidieron comerciar con la muerte y decirte cuánto me da por cremarlo rápido o por el féretro o por enterrarlo. U otros que subieron los precios de todos los insumos necesarios para la sanidad, aliento y alimento. O aquellos  que hicieron su agosto todo un año con servicio médicos privados a precios exorbitantes. O quienes regalaron sus servicios médicos. O algunos que no supieron manejar la crisis que estaba por llegar y decidieron terminar el viaje antes de que éste llegara su verdadero final. Están los que  se dedicaron a abrazar, a dar, a compartir y hacer todo para que tú y tu familia pudieran vivir. También hubo quienes se quitaron el pan de la boca y otros que estuvieron dispuestos a perderlo todo menos la esperanza y la fe. Hubo otros que se dedicaron a dar soporte moral, alimenticio, soporte médico, mental y emocional. La comunidad médica y científica merece todo el reconocimiento porque se quemaron las pestañas para salvar a la humanidad desarrollando vacunas (que antes tardaban años) en meses; todo para salvarte a ti, a mí y a todos los que se puedan.

Gracias, gracias, gracias, un millón de gracias también a todos los empresarios del mundo y de la nación comprometidos a dar de sí y colaborar para el desarrollo de vacunas y por preservar los empleos a costa de pérdidas multimillonarias. Eso habla de solidaridad. A todo el personal de gobierno que se ha puesto en los zapatos de los empresarios y con toda humildad los ha atendido buscando soluciones para la reactivación con precaución y sin arriesgar; ellos también tienen días y días sin dormir -más de lo que se imaginan- y nadie les da las gracias. Es importante ser agradecidos. Vivimos personas recorriendo hospitales llevando comida para el personal médico que ellos mismos habían cocinado en sus casas, algunos ya no están, otros se irán, otros se quedarán, otros evolucionarán, muchos otros se transformarán a partir de este virus y pandemia. Nuestras vidas jamás serán iguales, pero espero podamos aspirar a ser personas fraternales y mucho más espirituales, mientras dejemos a los otros ser lo que siempre han sido_ unos tristes y mezquinos “traficantes de sueños”. Nos toca a todos nosotros demostrar que no venimos a traficar los sueños de nadie, ni a permitir que alguien lo haga, sino que venimos a abrazar, compartir y sentir, porque es un tiempo muy corto en el que vamos a vivir.
 

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