Desde hace varios meses en México, a partir de rumores, noticias falsas y posturas mediáticas se construyen posverdades, útiles para quienes se resisten a perder los privilegios que les dieron décadas de gobiernos neoliberales. En la última semana, 3 nuevas posverdades han cobrado fuerza, diseminándose, por todas las vías posibles con gran velocidad, amplificando el escenario de incertidumbre y desinformación en nuestro país.
Con la ayuda de grandes prejuicios y cargas culturales fuertemente arraigadas por Hollywood, y con una industria farmacéutica en una voraz disputa comercial de diversos laboratorios en el mundo, distintas voces y medios de comunicación han estereotipado a la vacuna rusa Sputnik-V como barata, no confiable y hasta peligrosa.
Luego de que el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, anunciara su contagio por SARS-Cov-2, surgieron decenas de rumores sobre su estado de salud y se cuestionó sobre supuestos intereses por victimizarle y/u ocultarle.
Finalmente, diversas mesas de análisis, noticieros, líderes de opinión y toda clase de cuentas de redes sociales se han valido de encuestas, comparativos amañados con otros países, cruces de estadísticas, noticias falsas, declaraciones de supuestos especialistas y perfiles histriónicos para asegurar que en nuestro país se ha manejado de forma inadecuada la epidemia y que el gobierno mexicano ha sido incapaz de contenerla.
En resumen, 3 ideas se tratan de fijar en la conversación y mente de millones de personas: las vacunas no sirven y son peligrosas, el Presidente miente y el gobierno de México lo hace mal.
¡Y lo están logrando!
En medio de un clima real de preocupación e incertidumbre, con miles de familias adoloridas y desintegradas por la muerte y la enfermedad, en medio de la ansiedad, el miedo y el desasosiego, aparecen más las voces que buscan alarmarnos, aparecen más aquellos que con toda mezquindad recriminan al mismo Pueblo su desgracia. Porque ahí en los grupos de WhatsApp de la familia y los amigos, en la mesa familiar, en cuchicheos y charlas del metro, ahí donde se forma la otra opinión pública, ahí ya están esas 3 ideas.
La posverdad no se construye solo con noticias falsas y rumores: hace falta también emociones y personas buenas que caigan en el engaño para reproducir nuevos testimonios. Porque, como pasa con los virus, basta un descuido para infectarse e infectar a nuestros seres queridos.
Tal como la escalada de contagios, no es culpa de los pobres que no se guardan y no usan cubrebocas; la desinformación no es culpa de la ignorancia y de que los pobres se creen todo.
La vacuna está en la ética, el profesionalismo y la empatía de quienes comunican, de quienes tratan la información y de cómo utilizan los medios a su alcance.
Cuando un comunicador comparte un meme cuyo contenido califica humorísticamente un rumor, no es que solo siga el chiste, sino que va validando el rumor. Al compartir una opinión basada en una noticia no verificada, no está compartiendo un hecho verídico sino que sólo por estar de acuerdo con el emisor y sin conocimiento de causa hace válida una posible falsedad y la disemina.
En la primera línea de batalla de covid-19 están las y los médicos y ya se están vacunando. En la primera línea de batalla de la posverdad están las y los comunicadores. ¿Cuándo nos empezamos a vacunar?
Hasta la próxima.


