junio 13, 2021

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martes, 2 febrero, 2021
Politizar no solo no es malo,
  • Actualidad

Politizar no solo no es malo, sino necesario

Durante años, la palabra “política” estaba ligada o incluso era sinónimo de corrupción, privilegios e influyentismo. La gente asociaba la actividad política y el gobernar con robar, mentir y traicionar al Pueblo. Lo peor es, desde mi parecer, que a pesar de los esfuerzos del Gobierno de la Cuarta Transformación por revalorizar el servicio público, sigue existiendo un estigma y una desconfianza -completamente fundado, por otro lado- hacia los gobernantes en general.

A esta situación habría que sumarle que uno de los mitos fundacionales del modelo económico, político y social neoliberal es que el Estado es inherentemente corrupto e ineficaz. Más allá de cuán cierto sea (en realidad me parece que no), esta aseveración sí logró permear en la sociedad y generar una idea muy confusa de las labores que le corresponden al Gobierno, ya que, bajo la premisa de que los políticos tienden a hacer mal su trabajo, el Estado fue cediendo responsabilidades a organismos autónomos y al sector privado.

Creo firmemente en que una de las peores consecuencias de la suma de estas dos es la despolitización del debate público. Al hablar de política, frecuentemente me encuentro con frases como “todos los políticos son iguales”, “yo no me meto en eso, todo es lo mismo”, “no soy de ningún partido, ni ideología”, “estaríamos mejor sin gobernantes” y, la peor de todas, “la política no sirve de nada”.
Además, es común ver, leer o escuchar en los medios que se atribuya una connotación negativa a la “politización”, como si discutir los temas de coyuntura actual fuera algo malo; y posicionarse a favor o en contra de algo o alguien,  condenable.

Lo que está mal no son los partidos, los sindicatos, las organizaciones y los políticos, sino los partidos, sindicatos, organizaciones y políticos del viejo régimen que están mal y hay que combatir.

La degradación de lo público llegó a tal grado que preferimos no hablar de nada relacionado con ello y que creemos que tomar postura es malo o no sirve; sin embargo, creo que ante la mala política lo que hace falta es más política, no cancelarla.

Tomar partido, involucrarse y participar es el mejor remedio para enfrentar las malas prácticas. Los espacios están, lo importante es que sean ocupados por gente de convicciones, honesta y de principios.

La principal labor de la transformación de la vida pública, después de separar al poder político del económico, debe ser esa: cambiarle el significado a hacer política.

La apatía hacia lo público es entendible en un contexto de individualismo y gobernantes corruptos, pero debe ser superada. No puede ser que en las pláticas familiares y de amigos la política siga siendo un tabú. El debate frontal de ideas es pieza fundamental de la democracia. Asumir una idea y confrontarla con otras es esencial para cualquier tipo de convivencia, así como decía Gramsci: “vivir quiere decir tomar partido. Quien verdaderamente vive, no puede dejar de ser ciudadano y partisano. La indiferencia y la abulia son parasitismo, son cobardía, no vida. Por eso odio a los indiferentes”.
 

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