junio 12, 2021

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jueves, 4 febrero, 2021
El mundo después de la pandemi
  • Actualidad

El mundo después de la pandemia, ¿y nosotros qué?

Circula por las redes sociales un análisis atribuido a la revista ‘The Economist’ que señala 20 puntos sobre los cuales girará la vida del planeta a partir del 2021. Me parece muy oportuno hablar sobre ello, ya que en una perspectiva dramática como la planteada, pareciera que el futuro nos obligará a perder el contacto humano y realizar la mayor parte de nuestras actividades en forma virtual, con tal extremo cómico que acabaremos amando en forma digital.

Me quiero enfocar, por razones de espacio, solo en algunos de los puntos; otros, los agruparé para reflexionar brevemente sobre ellos ya que, a mi juicio, son elementos de preocupación y de análisis, y se pueden visualizar como oportunidades para pensar y aprovechar para   incidir, promover e insistir en nuevos modelos de convivencia humana más simples y sencillos que nos acerquen -no que nos alejen- detrás de un ordenador, como bien les llaman los españoles a las computadoras. 

El número uno de los análisis, atribuido a 50 expertos, establece que, aunque los humanos estamos ávidos de abrazarnos, se visualiza el trabajo a distancia más o menos igual al 2020 pandémico y seguramente se incrementará en los próximos años. Esto será a través de redes sociales, de compras en línea, de la enseñanza virtual y de la supresión de las pautas de trabajo presenciales. Los cambios en los viajes de negocios-o lo que se llama el turismo de negocios- harán que la industria del turismo a nivel mundial se vea profundamente afectada. El trabajo en casa implicará menos recorridos y mayor desarrollo de tecnologías disruptivas y, como ellos dicen, las grandes empresas -estos edificios monstruosos que presumen el poderío de una corporación- se irán extinguiendo en los próximos años y quedarán como nuevos mamuts de la era posmoderna.

En las casas de cada uno de nosotros, las tecnologías avanzadas llegarán en otro nivel digital, controlaremos desde el móvil todas las actividades, incluso jalar de la palanca del baño. Igualmente, la preparación de comidas en máquinas sofisticadas, serán una constante.

 El punto siete de las conclusiones de los expertos citada por la revista dice que las empresas que no inviertan ya en nuevas tecnologías sencillamente desaparecerán en breve. Esto último lleva a un tema delicado y que ha sido motivo de gran polémica: el manejo de información vinculado con las redes sociales en las plataformas digitales. Estas, las grandes usurpadoras de nuestros datos y nuestras confidencias con los algoritmos usados, advierten nuestras preferencias y el gusto o disgusto por alguna marca, producto o  película, y serán las que decidan lo que vemos en nuestros teléfonos digitales. En consecuencia, el valor informático, los meta- y mega datos serán aquellos que logren reducir al tamaño de un teléfono, toda la información o tenerla “en la nube”, pero finalmente están orientados a dirigir nuestros destinos y preferencias. Pasará lo mismo con el cuidado de nuestra salud: será el futuro inmediato, virtual.
    
Una advertencia de la reflexión de los expertos es que vendrán despidos globales. Ya Harari, en su libro de futuro sobre las lecciones para vivir en el siglo XXI, advierte de estas transformaciones tecnológicas. Me parece que lo anterior puede tener algunas ventajas en los impactos de la huella ecológica -como la movilidad- y otros derroteros, pero es cierto que enfrentaremos otros problemas delicados, como la generación de nuevos empleos para cientos de miles de personas.

Afortunadamente, nuestras acciones cotidianas -es decir lo que “no es virtual” como letrero anunciado afuera de la tienda- seguirán ocupando una parte importante de la vida diaria. Cierto, es más patente en el mundo rural y es el sentido de los temas que a mí me ocupan, los relacionados con el medio ambiente, el cambio climático, las economías locales y la conservación de la biodiversidad. Las ventajas, por ejemplo, de la evidente opción de la bicicleta como transporte principal, crecerán a niveles exponenciales -como estoy en el medio, sé que las tiendas de bicicletas no se dan abasto con la enorme demanda que tienen en la ciudades medias y grandes de muchos países-.  Sin embargo, el encierro obligado, la alta permanencia sobre los ordenadores y el exceso de trabajo que no nos “dice basta, baja la pantalla” nos hacen trabajar mucho más y puede meternos en condiciones de agresividad, soledad y angustia a pesar de estar rodeados de nuestra gente querida.

“Quiero advertir de lo natural y lo saludable”. El punto 19 dice que la comida y la interacción con los productos 100% natural “es lo de hoy”; la producción de los propios alimentos, así como la preparación de  nuestras comidas y materiales (como mesas, estantes, escritorios -hazlo tu mismo -como se decía antes) van a crecer exponencialmente.  Por supuesto, la reducción en el consumo de los alimentos cancerígenos, altamente tóxicos por exceso de azúcar, de sodio, de harinas refinadas, o por el consumo exagerado de carne de muy cuestionable calidad, nos animará a enfatizar nuestras necesidades en comestibles sanos y personales. 

Efectivamente, como dije en la entrega anterior y en otras, el vivir local o barrialmente y el reciclaje, de regreso afortunado y con mucha más fuerza -después de un año de desperdicios incontrolables de tapabocas y toda la comida plástica que llega a nuestros hogares por entregas recurrentes- serán todo un tema.  

Quizá pueda cambiar también el mundo y permita un renacimiento de ejercicios personales y meditativos. El ejercicio en casa, en las terrazas, en los jardines, en los parques, será una demanda importantísima, pero también de atención a las crisis que derivadas de las tensiones y locuras que estamos viviendo. 

Quiero advertir dos cosas: la recreación en el campo, el contacto con la naturaleza, el respirar o caminar no lo sustituye una caminadora, ni una película sobre la naturaleza o romántica, como no es igual un juego interactivo. Cualquier cosa que hagamos en el futuro, tiene que buscar un equilibrio, porque es fundamental asegurar que nuestro contacto con las personas no se pierda, ya que una pandemia impidió que nos abrazáramos durante un año. No perdamos la oportunidad de cambiar, pero tampoco la oportunidad del contacto humano. Somos humanos justamente por la capacidad de discernir entre lo real y lo intangible, y por nuestra voluntad social interactiva de comunicarnos. Para ampliar nuestro corazón, seamos más humanos y menos operadores de máquinas digitales. El libro del Tao dice: "Cuando habites, hazlo cerca del suelo". Habrá que recordarlo. 
 

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