junio 13, 2021

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miércoles, 10 febrero, 2021
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Vacuna contra la mala fe

Distintas voces reaccionarias y otras desde una pretendida objetividad científica han cuestionado la eficacia, viabilidad y confianza que se puede tener en las vacunas que vienen desde Rusia y China. Estos cuestionamientos son propios de la reacción y la derecha más recalcitrante. Parten del supuesto, como incluso lo señala León Krauze en distintas redes sociales, de que todo lo venido por Estados Unidos y su hegemonía es necesariamente bueno y lo que viene de los países emergentes es malo. Esto a pesar de que los países emergentes que se alían para poder lograr una mejor distribución de las vacunas. “¡No, eso está mal!” Estos países, nos dicen, son necesariamente deficientes, débiles y malos, y deben aspirar a invitar o a emular a la potencia anglosajona. Parten del prejuicio y del pozo envenenado de que las cosas rusas o chinas son baratas o de mala calidad.

Esta cosecha de desconfianza reaccionaria tiene dos vertientes; la primera es la ideológica. Tristemente, los adversarios del proyecto de transformación están convencidos de que la hegemonía estadounidense es la única forma de gestionar las relaciones internacionales. Creen que aquel país y sus aliados (como el estado de Israel) son el ejemplo por seguir. En este último caso lo usan como modelo de vacunación, sin tener en consideración su pequeña población y su alta inversión en ciencia y tecnología.

En segundo lugar, se parte de una mala fe al gobierno de la transformación. El estilo de hacer cooperación y relaciones internacionales desde que se inauguró esta administración es distinto. Implica hablar con otras potencias, mirar a otros lugares y entablar relaciones con otros países que no necesariamente están aliados con la hegemonía estadounidense sin dejar de llevar una relación cordial y necesaria con el vecino del norte.

Algo está claro, más allá del súbito interés en las pruebas clínicas de tal o cual vacuna y de que haya una serie de pretendidos expertos que buscan capitalizar editorialmente para sus bolsillos con el golpeteo a personajes con el Dr. López-Gatell; se busca sembrar la duda entre la población y dañar así los esfuerzos de poder domar la pandemia. 

Tenemos ante nosotros un nuevo conflicto social y político donde hay solamente dos polos: el primero es el de la reacción, que está disfrazado de legítima duda, de cuestionamiento científico, pero que busca debilitar los esfuerzos para lidiar con la pandemia. El segundo está basado en la cooperación y en la creencia en un mundo multipolar, la fraternidad de los pueblos y en voltear a ver más allá (no solamente a Estados Unidos) para beneficiar a la mayoría de la población. Todo, en medio de una circunstancia que ha sido difícil para todos los países del mundo.
 

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