junio 12, 2021

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jueves, 11 febrero, 2021
Proporción y dimensión
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Proporción y dimensión

Tenemos una devoción por la cifra y lo cuantificable que pocas veces nos ayuda a contar algo sustancioso. En lo deportes, por ejemplo, cada vez son más frecuentes los datos que no nos dan referencia de nada: que si es la tercera vez en día par que tal corredor consigue avanzar al primero y diez, que si tal medio volante anota gol cuando se encuentra de visita en una ciudad que comienza con R, que si el ángulo de alineación de la cancha permite que los pateadores logren un gol de campo siempre y cuando haya una tormenta en Australia. 
Confundimos lo esencial con los adornos. No es raro, la decoración cobra sentido cuando lo que funciona no sirve. 

En la comida pasa algo similar: desde antes de la pandemia – pero con el encierro se ha convertido en algo muy común– millones de personas, por gusto y necesidad, hemos tenido que cocinar más. La rutina nos ha obligado a ampliar el repertorio personal. Recurrimos a libros, llamadas con mamá, chat con el amigo cocinero, tutoriales en YouTube, aplicaciones y las cajitas del queso crema. Estamos en una búsqueda constante de recetas que nos ayudan a darle una cara novedosa y sabrosa a la carnita molida, cebolla, jitomates, ajos, cebolla y papitas. El picadillo, otrora una delicia, se nos ha vuelto aburrido por tanta frecuencia. 

Realizamos búsquedas frenéticas de medidas, tiempos y temperaturas, porque no nos hemos dado a la tarea de entender los ingredientes, saber cómo funcionan, cuáles son sus características, cuáles sus esencias y su espectro actoral (hasta dónde puede dar de sí un jitomatito rojo y redondo en el horno, no ejemplo). Entonces, suplimos con la tiranía del método y de la experiencia ajena. Leemos: precalentar a 180 grados por 23 minutos, y pensamos que las receta saldrá… olvidamos que hay muchas variables: la altitud en la que se encuentra la ciudad que habitamos, la calidad del horno o las características del molde que estemos utilizando (cada metal conduce de manera distinta el calor), pero, sobre todo, olvidamos que acaso la experiencia de comer se compone nuestra expectativa y conocimiento personal. 

No quiere decir que no aprendamos a manejar nuevas variables e instrumentos, procesos más sofisticados y que nos atrevamos a romper los propios paradigmas. No. Pero de nada sirve romper algo que no existe. Es decir, el gusto personal es hermosamente arbitrario y se construyó por momentos y experiencias muy significativas o recurrentes a lo largo de nuestra vida. Nuestro gusto se define por referencias que podemos entender: armamos las palabras letra por letra atendiendo a sus sonidos y los que representan en nuestro entorno. Cuando crecemos vamos nombrando lo que conocemos y necesitamos y casi después de ‘mamá’ y ‘papá’, decimos ‘agua’. Así armamos nuestros platillos a lo largo de la existencia: traducimos, aproximamos, copiamos y nos inspiramos siempre a través de cosas que conocemos y entendemos. 

Pero, por alguna razón, dejamos de confiar en los que nos constituye y nos deslumbramos por lo que nos hace falta: lo más bello de comer es siempre habrá algo nuevo que probar y también un platillo pendiente por hacer. No obstante, para poder comprender un platillo o un producto, hay que comprometerse con uno mismo y con su sabor, disfrutarlo, compararlo, y asimilarlo como algo que ahora poseemos y poco a poco podemos transformar. 

Lo verdadero requiere compromiso, casi que militancia, y en el ritmo de lo inmediato parece que lo trascendental no paga; por eso abundan las recetas y las casas de apuestas para ganar dinero por si algún valiente se mete a la cancha. 

Las cifras no son información y las medidas no necesariamente componen un sabor. En todo caso, prefiero hablar de proporciones que nos enseñan la clave para leer un ingrediente, un platillo o un deporte. Las proporciones ayudan a escalar una receta y a dimensionar el tamaño real de un deporte..  o a un atleta. 

Pensar que Tom Brady es el mejor porque es el que más ha ganado es reducirlo a una receta y una cifra y perder el sabor y esencia del personaje. 

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