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martes, 16 febrero, 2021
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Educación feminista para una conciencia crítica: nuestros cuerpos

Por: Andrea Carbajal

Bell Hooks en su libro El feminismo es para todo el mundo aborda los cambios que ha habido en el feminismo y nos dice que en algún punto la teoría feminista era explicar a mujeres y hombres cómo funciona el pensamiento sexista y como podríamos cuestionarlo y cambiar.

Siguiendo los pasos de esta gran mujer y autora, busco aclarar que en esta ocasión me atrevo a reducir la palabra feminismo a una política anti-sexista en todos los aspectos de nuestra vida como sociedad (aunque sé que es un término mucho más complejo y con mucho bagaje); me atrevo a usarlo de esta forma para el propósito de este texto pues sé que la palabra feminismo puede crear una reacción de rechazo instantáneo en muchas personas.

El tema de esta columna me vino a la mente en el transporte público, mientras pensaba cómo es que mi activismo en todos los temas de género y derechos humanos los he evocado hacia ‘la sociedad o hacia afuera’ de mi círculo, pero pocas veces he volteado a ver a mi contexto familiar “cercano”. Pensando el porqué de esto, me di cuenta de que es una situación complicada e imponente oponerte a todo un grupo de personas que te ha cuidado y de alguna forma te ha cuidado pero que siguen solapando acciones que ya no encajan con tus valores. Aún no sé cómo lograr que me escuchen e intenten comprender mis puntos de vista sin recibir ese rechazo del que ya les hablaba cuando escuchan la palabra feminismo. 

Otra vez me refiero a Bell Hooks como la inspiración de esta columna, que es un cachito de mi pensamiento, y quien escribe que se formó una élite del feminismo donde el conocimiento dejó de ser para todas las personas y en realidad es esencial que la enseñanza llegue a todo el mundo más allá del mundo académico de por sí ya privilegiado.

Ahora sí, después de esa introducción y justificaciones quiero abordar el tema desde una de sus frases:

“No hemos creado una escuela que se fundamente en los principios feministas para niños y niñas.”

Pero yo lo quiero abordar desde un tema muy cercano a mis vivencias y es: educación sexual adecuada y de calidad para niñas y niños como forma de protección hacia ellos mismos. De ninguna manera quiero decir que esto signifique que los niños o niñas tengan culpa alguna del abuso al que pueden estar expuestos o del que puedan ser víctimas.

Lo que busco expresar, y espero lograrlo, es que es necesario que niños y niñas tengan una educación sexual adecuada, que aprendan a llamarle a las partes anatómicas de sus cuerpos por sus nombres “pene”, “vagina”, “vulva”, etc., que dejemos de hacerlos sentir que su cuerpo es un tabú y en su lugar les recordemos que su cuerpo es “sagrado” es de ellos y de nadie más. 

El descuido y la exposición a temprana edad de los menores a prácticas sexuales, por más pequeñas que sean, hacen que los menores dejen de tomar con seriedad los temas como el consentimiento, el auto cuidado y en su lugar creen un ambiente en el que la sexualización de sus cuerpos es algo normal y, entonces, si algún día se enfrentan a un evento de violencia sexual, no estarán conscientes de que lo que estan sufriendo es violencia, que no está bien y que no es normal.

Es imperativo que se logre una educación y comunicación adecuada para cuidar a los y las niñas para que puedan tener un desarrollo psicosexual adecuado y se pueda identificar si estos están expuestos en cualquier ámbito de su vida, a algún tipo de violencia sexual desde una primera instancia y así poder tratarlo. 

Pues no basta con decirles a los niños “de eso no se habla”, como si lo que han vivido fuera de menos importancia porque no son adultos, de eso sí se habla. Estos temas se tienen que hablar con los menores, se les tiene que escuchar y se les debe tomar en serio.

La educación sexual adecuada tanto en el sistema escolar como en el familiar es imperativa para poder proteger a los y las niñas a cualquier tipo de exposición que los lleve a normalizar la violencia sexual y la importancia del consentimiento sobre sus cuerpos a las edades adecuadas con las personas adecuadas, como una forma de protegerles.

Quiero cerrar este pequeño texto recordándoles que la culpa no es de los y las niñas o que, si estaban en el lugar equivocado o en el momento equivocado, la culpa es y será siempre de sus violentadores.

Hay que escuchar a la niñez, hay que alentarla, hay que apoyarla para que las siguientes generaciones crezcan más conscientes y sepan que: las niñas y los niños no se tocan, no se violan, no se matan.


Activista feminista. Licenciada en derecho Derecho e integrante de la Chinca Feminista de la Ciudad de México.

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