junio 12, 2021

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miércoles, 17 febrero, 2021
#CrónicasOpositoras: “No se va
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#CrónicasOpositoras: “No se vayan a asolear tanto.”

Me indigna, pero no me sorprende, ver la respuesta de la oposición ante el inicio de la vacunación masiva para nuestros adultos mayores. Me indigna, pues se limita a realizar un obtuso —por decir lo menos— golpeteo político con tal de mostrar su clasismo, odio y rechazo sistemático a cualquier cosa que huela a igualdad de derechos. No me sorprende, pues esa ha sido su constante desde 2018: dejar claro que quieren de vuelta el país donde se podía comprar el derecho a saltarse la fila en la jornada de vacunación más grande que ha visto la humanidad.

Hoy quiero escribir para evidenciar las fallas en todos y cada uno de los presagios agoreros del desastre conservador que, sin sustento alguno, vociferan en columnas de opinión y redes sociales.

En primer lugar y partiendo de su desesperante ego intelectual, afirmaron que nunca conseguiríamos una vacuna. Como siempre, fallaron. México adquirió 7 diferentes tipos de vacunas —entre los que destacan AstraZeneca, Pfizer, Sputnik V y CanSinoBIO— para tener 232,33 millones de dosis contratadas, prepagadas y comprometidas. 

En segundo lugar, afirmaron que las vacunas que llegaban eran muy pocas. Dijeron que no servirían, y en algunos valientes casos de analfabetismo funcional que “eran vacunas chafas”. De nuevo, volvieron a fallar. México ha empezado a recibir grandes cargamentos de vacunas para aventurarnos en la labor más compleja de toda nuestra existencia: inmunizar sin privilegios a toda nuestra población. Y se hace con la consigna de llevar vacunas a las zonas más desfavorecidas. Esas que, durante años, los gobiernos neoliberales olvidaron y hasta vendieron a cambio de un flamante departamento en Miami o en su destino caribeño de preferencia. Eso se acabó. En este gobierno primero van —e irán siempre— los pobres.

Después, lloraron al sector privado para que adquiriera vacunas. En otra soberbia muestra de ignorancia, ni siquiera consideraron que todas las vacunas están compradas por Estados, y que por tanto, el sector privado no puede ejercer su demanda. No contentos con su nublado mental, dejaron ver -entre las líneas de cada tuit y cada texto- que lo que les molesta no es la vacunación, sino que la inmunización se garantice como un derecho para todos y gratuito; ya que esta inevitable condición los iguala con el resto de la población que siempre han ignorado a costa de mantener el abuso que ejercían cotidianamente. 

Después de dimes y diretes sin sentido, su más reciente pifia fue señalar con absoluta firmeza y dureza… ¡filas para la vacunación! Después de que cada uno de que sus pronósticos falló rotundamente, aquellos que ven agentes rusos en la sopa y alucinan gulags en los centros de vacunación no tuvieron otra que buscar ver el desastre donde solo hay esperanza: adultos mayores vacunándose para salvar su vida ante un terrible virus.

Es cierto, en las primeras horas del primer día de vacunación, el proceso se demoró un poco más de lo normal. Nada fuera de lo común para un sistema de salud durante décadas saqueado, robado, agravado y hasta donde hace poco se inyectaba agua destilada como medicamento. Posteriormente, el derecho a la vacunación fue ejercido de manera rápida, organizada y eficaz. 

Para quienes han estado muy lejos de la cotidianeidad de la gran mayoría en nuestro país probablemente sea su primer contacto con la sanidad pública. Su enojo no es que tuvieran que broncearse un tanto más de lo normal o que lo hicieran fuera de sus residencias en Acapulco; su coraje es y seguirá siendo un gobierno que iguala condiciones para el acceso a un insumo médico que nos salvará la vida a todos. 

Con esto no quiero decir que las filas sean -o no- deseables para nuestros muy honorables adultos mayores, o que el sistema de salud no deba seguir mejorando mediante instituciones como el INSABI. Lo que refiero es que, partiendo de la realidad que vive día con día nuestro país, iniciar la ambiciosa campaña de vacunación para todas y todos sin distinción es un éxito y que los mecanismos de vacunación seguirán mejorando.

Espero, de corazón, que en su segunda dosis los románticos del viejo régimen no deban asolearse tanto. Pero también deseo, desde lo más profundo de mi ser, que la vacuna siga distribuyéndose como el derecho que es de manera gratuita en las comunidades más apartadas y para todas y todos aquellos que quieran tener acceso a ella.

Para eso votamos: un gobierno popular. 

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