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jueves, 11 marzo, 2021
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Ricardo Anaya y la romantización de la pobreza

En la carrera tuve una gran profesora que mencionaba constantemente la existencia de distintos Méxicos. Ella decía que no había uno ni dos, sino al menos cinco. En su explicación, en el quinto se encuentran mexicanos y mexicanas prácticamente excluidos de la sociedad y de sus avances ‒seres humanos tan empobrecidos que probablemente, por triste que suene, nunca podrán salir de tal condición‒; en el cuarto, personas con un ingreso al menos un poco mayor que suelen vivir en la periferia de las ciudades ‒de igual forma, poco o nada se ha hecho por ellos‒; en el tercero, una clase media que muchas veces vive en los suburbios, dispuestos a defender privilegios que ni siquiera tienen con la aspiración de tenerlos algún día; en el segundo, una mucho más reducida agrupación de personas que residen en las zonas más vigiladas y mejor atendidas del país, y, por último, un ínfimo grupo de hombres que con tantas casas en Miami ‒o en otros lados‒ pueden incluso usar México más como centro vacacional, individuos cuya concentración de riqueza no debería ser y es de hecho una verdadera falta de respeto. Por lo general, tanto los del bloque uno como los del dos, son personas que han vivido toda su vida en la cumbre del privilegio, motivo por el cual han crecido abstraídos de la realidad de su país. Uno más que el otro, claro.

En la explicación de mi profesora, la inmensa mayoría de las y los mexicanos que enfrenta todas las injusticias del sistema están claramente contenidos en el cuarto y quinto México, mientras que los del tercero se sitúan en un espectro donde al menos sí existe cierta movilidad social. Los del segundo tienen todas las posibilidades a su disposición, y los del primero ni se diga ‒están acostumbrados a que todos sus sueños se hagan realidad‒,  su vida y la de parte de su descendencia está arreglada sin importar cual sea el futuro que le depare a la nación. Es, precisamente, al cuarto bloque al que pertenece gente como Ricardo Anaya: no se encuentra en la cumbre económica de los hombres más ricos, pero sí atendiendo sus demandas. Y claro, sí está situado mucho más cerca de ellos que de gente del resto de las agrupaciones.

Durante toda su vida, el excandidato a la presidencia se ha dedicado a codearse con los primeros dos grupos, creándose así una experiencia de vida totalmente ajena a la de la mayoría de las y los habitantes de México. No enfrentó ninguna de las dificultades creadas por el paquete de reformas impulsado por Peña Nieto ‒del cual cabe mencionar, él fue incluso pieza fundamental al haber sido el presidente de la Cámara de Diputados cuando fueron aprobadas‒. Esto fue muy bien señalado por el joven Fernando Cuevas Murillo en una magistral video respuesta que le realiza al panista sobre sus recorridos.

Su burdo intento por conocer el México profundo lo retrata de pies a cabeza como un hombre que nunca vivió carencia alguna, y que ‒por medio de simular los recorridos nacionales hechos por Andrés Manuel‒ no quiere nada más que allanarse el camino para la siguiente contienda presidencial. Parece no entender que el Pueblo no es tonto, ya lo tienen bien medido y conocen sus intenciones. Lo que él hace es más una romantización de la pobreza, quiere hacer ver las carencias creadas o enquistadas por gobiernos nocivos y corruptos de los que él formó parte, como algo motivacional que debe hacernos reflexionar, o como responsabilidad del Presidente. 

Es claro que él no da ningún paso en falso sin que un ejército de consultores y asesores de todo tipo le diga qué hacer o qué decir, pero de verdad sorprende que no se percate que lo que hace con sus videos es únicamente explicar para una minoría lo que vive más de la mitad del país. No está revelando el hilo negro ni interpelando a nadie, ¿y por qué habría de hacerlo? La gente lo vive en carne propia, no es necesario que venga el opositor de un mandatario que sí hace un esfuerzo inmenso por paliar la desigualdad a decírselos en un video de Facebook. ¿Qué planea lograr con una grabación de él viajando en combi o en metro con una cámara oculta y solo pretendiendo retratar la precariedad? Sí, así vive la gran mayoría del país y tú, Ricardo Anaya, en lugar de apoyarles se los hiciste más difícil, ¿y luego?

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