junio 14, 2021

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miércoles, 17 marzo, 2021
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El feminismo será pacifista, o no será

Entre un ala del movimiento feminista se ha popularizado la frase “si me desaparecen -matan-violan, quémenlo todo”. Aunque es un simbolismo que no necesariamente refiere a la literalidad de la frase, a partir de este 8M he tomado una postura radicalmente opuesta a ella. 

Uno de los múltiples retos de los movimientos sociales es trascender a las coyunturas. Hay quienes afirman que en este mundo híper virtualizado, las redes sociales nos han orillado a dejarnos llevar por las mareas del momento. En ese sentido, aunque las coyunturas son detonadoras, repensar, dialogar y discutir los temas trascendiendo ‒el momento‒ son parte de los propósitos que deberíamos plantearnos seriamente. Este artículo se enmarca en ese sentido. 

Fui a la marcha en la CDMX; más puntualmente, llegué al zócalo. Como desde hace varios años, muchas de nosotras lo hacemos. La marcha es un conjunto de manifestaciones de múltiples formas en donde convergen muchas causas, todas en torno a la búsqueda de una vida más segura, libre y justa para las mujeres. Yo era de la idea de abrazar todas las manifestaciones ‒sin importar cualquiera que fuera‒. Aunque nunca participé en las acciones directas y siempre he reivindicado la vía pacífica, no dudaba un minuto en gritar ‒fuimos todas‒ cuando había que salir a dar la voz y el cuerpo por alguna de ellas. Participé, como muchas otras, en colectivos de abogadas que monitoreábamos la marcha para dar seguimiento a las detenciones de personas que se enmarcaran en ese contexto. 

Sin embargo, este año fue distinto. Lo que se sentía en el zócalo era un enorme temor, parecía una especie de guerra civil, donde había grupos de mujeres corriendo de un lado a otro, bombazos, fuego, humo y primeros auxilios. Y las mujeres que no nos identificábamos con la provocación de ese ambiente, enseguida buscamos refugio para ponernos a salvo de lo que nos resultaba amenazante. 

Ese día tomé una decisión. 

Como lo dije antes, aunque nunca he aprobado la acción directa ‒por el contrario, siempre he reivindicado la vía pacífica‒ a partir de ese día sentí una necesidad imperiosa de señalar una clara diferencia, “si me desparecen, por favor, no lo quemes todo. Regala flores a las policías que resguardan. Súmate al paro. Visibiliza mi nombre. Guarda silencios profundos y luego grita fuerte. Y sino apareciera. Nunca optes por la violencia” y sí, el feminismo será pacifista o no será. 

Sobre esta postura señalo algunos apuntes. No, no criminalizo a quienes deciden optar por la acción directa. Tampoco estoy a favor de la represión y nunca creería correcto detener a nadie en ese contexto. Sin embargo, el o los movimientos feministas ‒en tanto hablemos de feminismos en plural‒ son movimientos políticos y me parece correcto tratarlos como tal. En ese entendido, también es correcto señalar diferencias políticas legítimas dentro del mismo movimiento. Antes de que se apresuren, sí, hay múltiples razones para estar furiosas; sí, hemos intentado las vías institucionales y otras múltiples vías pacíficas antes de romperlo todo y la mayor parte del tiempo lo que recibimos a cambio son silencios eternos ‒en el mejor de los casos‒ por lo tanto, que no vaya por ahí el contraargumento. Mi punto es: razones en el mundo para quemarlo todo, han habido miles, desde siempre y ejemplos de movimientos que han optado por la vía de la violencia ‒se puede tener una discusión filosófica sobre qué es violencia‒ hay para dar y regalar; sin embargo, también hay quienes ‒ante todo‒ como principio básico indiscutible y no negociable han optado por la vía de la resistencia civil pacífica y es totalmente válido identificarnos con esta forma, por múltiples razones. En el contexto actual, creo que se han generado escenarios interesantes en lo local y en lo federal para construir diálogos y avanzar en nuestra agenda; tirar eso por la borda sería un error garrafal para nosotras. Desde esa perspectiva, hay también razones estratégicas detrás. 

“Pero, lo hemos intentado y no ha pasado nada”, mi respuesta ante este argumento es: insistir es la respuesta, si nos ignoran, buscar nuevas formas creativas de hacernos ver y escuchar será nuestra misión. Nadie dijo que sería fácil, pero la única forma de fracasar, levantarnos y volver a fracasar tendrá que ser la vía pacífica. A lo mejor a nosotras no nos tocará verlo, como a las abuelas de nuestras abuelas no les tocó, pero seguramente a las hijas de nuestras hijas les tocará vivir en un mundo que nosotras apenas imaginamos. 

Como corolario, me pregunto, ¿qué hubiera pasado si la manifestación del 8M se hubiera quedado en esas vallas llenas de nombres de mujeres víctimas? ¿No hubiera sido algo mucho más potente y poderoso que la confrontación que vivimos al día siguiente? Lo dejo como una provocación que señala muy gráficamente la diferencia de lo que planteo. 

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