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El Pueblo, la esperanza

El Pueblo, la esperanza

Cada proceso electoral que se vive en nuestro país trae consigo una oleada de esperanza en nuestro Pueblo; el optimismo se recarga y resurge la posibilidad de que millones de mexicanas y mexicanos tengan una mejor calidad de vida. 

Las demandas, peticiones, exigencias y anhelos prácticamente se hacen genéricos con la posibilidad de cambiar de presidente, gobernador, alcalde o diputado (los senadores y regidores siguen siendo intrascendentes y desconocidos para la mayoría del Pueblo).

El acceso a una vivienda digna, un empleo bien pagado, educación pública de calidad, seguridad, servicios públicos presentes y eficientes, un sistema de salud para todas y todos, apoyo suficiente y constante al campo, combustible y energéticos accesibles forman parte del catálogo de necesidades y exigencias de la ciudadanía ante una nueva elección, pero también forman parte del compendio de promesas de cualquier partido político o candidato. 

Estas demandas pueden ser atendidas y solucionadas parcialmente con la llegada de un gobierno honesto, de un alcalde trabajador o con la acción de un buen legislador. Reafirmo: estas demandas pueden ser solucionadas solo de manera parcial con los ejemplos dados porque me parece que, desde las plataformas institucionales actuales, solo se pueden sentar las bases o generar un mínimo de bienestar social que permita crear las condiciones para real y definitivamente poder acceder a todos estos derechos. 

Si los grandes y radicales cambios que exige el Pueblo no se dan desde las instituciones, forzosamente tendrán que emerger del seno del mismo Pueblo. Para ello es fundamental que se mantenga informado, concientizado, pero ‒sobre todo‒ organizado. Es elemental que el Pueblo cuente con un gobierno aliado, salido del él, que lo represente y propicie estos grandes cambios ‒como actualmente sucede en México‒, sin caer en el error de pensar que el simple hecho de contar con un gobierno aliado será suficiente para lograr los objetivos planteados anteriormente. 

La transformación debe ser, y es, solo la primera piedra de la revolución.

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