Andrés Manuel, Alberto, Lucho, Andrés, Gustavo y Lula

A principios de 2019, con la llegada de Jair Messias Bolsonaro a la presidencia de Brasil, parecía que el panorama político de América Latina había cambiado para siempre, pues el arribo del líder ultraconservador al gobierno de la principal potencia económica de la región abonaba a un contexto adverso.

Luego de una década de gobiernos populares encabezados por Rafel Correa en Ecuador, Evo Morales en Bolivia, Néstor y Cristina Kirchner en Argentina y el propio Brasil de Luiz Inácio Lula da Silva, la derecha se fue asentando en la región a través de turbias maniobras judiciales, quitando a gobiernos populares e imponiendo el modelo económico neoliberal vía el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la constante intervención de las principales potencias de occidente.

El momento más alto de dicho giro hacia la derecha en Latinoamérica fue quizá cuando el juez Sergio Moro impidió a “Lula” ser candidato a la presidencia luego de la destitución ilegítima de Dilma Rousseff, quedando el camino libre para Bolsonaro, quien nombró al mismo juez que se encargó de operar contra los líderes del Partido de los Trabajadores (PT) como su Secretario de Justicia.
Los Presidentes Andrés Manuel López Obrador en México y Alberto Fernández en Argentina se encontraban en una situación complicada para los gobiernos populares, pues en noviembre del mismo 2019 en Bolivia ocurría el golpe de Estado que retiraba de poder al gobierno legítima y democráticamente constituido del Movimiento al Socialismo (MAS-IPSP).

Ambos líderes parecían estar aislados y con la estructura de los organismos regionales —Grupo de Lima, creado para presionar a Venezuela, y la Organización de los Estados Americanos (OEA), presidida por Luis Almagro, ferviente opositor de la izquierda latinoamericana, y quienes avalaron los ataques judiciales contra Cristina, Lula y Correa, además del golpe de Estado en Bolivia— en contra y en abierta campaña a favor del conservadurismo. Sin embargo, la coordinación Ciudad de México-Buenos Aires fue clave para salvar a Evo y restaurar la democracia en Bolivia, así como para traer la vacuna contra covid-19 de la farmacéutica AstraZeneca a la región.

Ahora el panorama es mucho más favorable para los procesos de transformación latinos, pues —además de la consolidación en la relación bilateral entre México y Argentina— Luis Arce, quien fuera Secretario de Economía de Evo Morales, se encuentra al frente del gobierno boliviano; Andrés Arauz, otro joven economista, se perfila para regresar el correísmo a Ecuador luego de ganar la primera vuelta de las elecciones presidenciales; Gustavo Petro, líder de Colombia Humana, encabeza las encuestas en un país saqueado por el uribismo; Chile se encuentra en proceso de eliminar la constitución pinochetista, y en Brasil la justicia admite que el juicio contra Lula no fue imparcial y le regresa sus derechos políticos. Incluso Perú podría sumarse a la lista con Verónika Mendoza, quien pelea los primeros puestos en las preferencias a la presidencia. 

A pesar de que el contexto internacional no es favorable por la pandemia, podríamos estar ante el regreso del progresismo en toda América Latina, lo que puede unir de nuevo a nuestros Pueblos y revitalizar la democracia en una región muy dañada en el último lustro. Las recientes visitas de Alberto Fernández y Lucho Arce a nuestro país, así como su presencia en  a la conferencia de prensa de López Obrador en Palacio Nacional, podrían apuntar en este sentido.
 

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