junio 14, 2021

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lunes, 29 marzo, 2021
  • Actualidad

El costo de un mal diagnóstico

Hace unas semanas ocurrió el caso de un grupo de turistas argentinos en México que, al regresar a su país, habían contraído la enfermedad por covid-19, lo que generó una revisión de cómo —a pesar de contar con una prueba negativa hecha aquí— habían regresado enfermos y siendo un foco de contagio masivo. Fue así como la investigación hecha por las autoridades sanitarias detectó que el laboratorio había hecho un mal diagnóstico, que contaba con apenas unos meses de operación y que hubo una serie de omisiones en su operación, lo que detonó que pusieran en riesgo a quienes acudían con ellos para realizarse la prueba de covid-19.

Supe de este caso con más detalle gracias a que una fuente me reveló todo el entramado que había ocurrido en este caso. Más allá de las fallas que el laboratorio en ciernes llegó a tener, me parece que esto revela otro de los problemas graves que nos legó el neoliberalismo: la privatización de los laboratorios clínicos. 

Desgraciadamente, en los últimos años la salud se volvió una forma redituable de generar ganancias y no de buscar el bienestar para las personas; de esta manera, el sistema público dejó de tener impacto real sobre la implementación de mejoras en el diagnóstico y, a través de la complicidad de los encargados del sistema de salud, impulsaron que los laboratorios públicos dejaran de hacer su trabajo para ponerlo a manos de quien tenga la capacidad económica de montar un laboratorio. 

Este mismo mecanismo fomentó que la corrupción se incrementara entre concesiones de pruebas, venta de equipos, materiales y que hubiera una perversión entre gente que contaba con información privilegiada dentro del sector público para así ganar licitaciones con empresas que ellos mismos poseían para enriquecerse a costa de nuestra salud. Con esto, la voracidad de los grandes laboratorios dejó que los pequeños laboratorios se redujeran a hacer pruebas de rutina y que no lográramos en décadas impulsar el diagnóstico, para relegarnos a hacer lo que se pudiera con limitaciones técnicas y científicas. 

El caso de los viajeros argentinos expuso lo que muchos en el gremio de la medicina del laboratorio sabemos: no existe una supervisión verdadera a quienes ofertan servicios de diagnóstico. Esta es una llamada de atención a la COFEPRIS que, ahora que se renueva, debe poner más atención en la materia para lograr revertir años de lucro con nuestra salud. La corrupción, como bien dice AMLO, es nuestro mayor cáncer y vemos cómo este hizo metástasis en todos los aspectos de nuestra sociedad.  
 

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