junio 12, 2021

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martes, 30 marzo, 2021
  • Actualidad

El INE y otros partidos de oposición

Los chavorrucos lo conocimos como IFE, pero hoy, el “renovado” Instituto Nacional Electoral —INE— presume ser un organismo autónomo, independiente, objetivo y totalmente imparcial; lo sospechoso es que hoy, los únicos que creen eso son los partidos de oposición.

Recuerdo aquel mayo de 2012; aún era un puberto “revoltoso” que salía a marchar para exigir el fin de todas las injusticias que llegaban a mis oídos —a veces hasta me daban ganas de inventármelas con tal de seguir marchando todos los fines de semana con mis amigos igualmente revoltosos—. Así es, yo era uno de esos que hoy son conocidos como “chairos” que comenzaban a descubrir el poder de las redes sociales, no solo como herramienta de organización, sino como el mejor medio de denuncia que existía. No sé en qué momento cambié el metroflog y juegos-gratis.com por cientos de horas de videos de política.

Llegó el 1 de junio de ese año, jornada electoral donde se definiría si el PAN continuaría en el poder, si el PRI retomaría las riendas o si la izquierda llegaría por primera vez a la silla grande. Miles de jóvenes en todo México estábamos listos para compartir irregularidades electorales capturadas en videos, fotos y cualquier otra evidencia que pudiéramos compartir en nuestro nuevo juguetito llamado internet.

Pero nada nos preparó para todo lo que aconteció ese día. YouTube se llenó de videos que evidenciaban la compra de voto, el mapacheo, las golpizas, la quema de urnas, el robo de boletas y decenas de formas creativas —pero indignantes— con las que se alteró el proceso electoral en cada rincón de México. Sin embargo, a pesar de todo el caos del que fuimos testigos quienes poseíamos un smartphone, el entonces IFE salió a decir en televisión nacional que las elecciones habían sido limpias, pulcras, casi casi sanitizadas.

Miles de jóvenes nos llenamos de incredulidad, indignación, frustración y decepción, no solo por la manera tan salvaje en la que contaminaron el proceso electoral, sino por la forma tan cínica en la que fingieron que los cientos de graves irregularidades capturadas en video nunca sucedieron. Lo peor vino cuando el Tribunal Electoral tardó horas en resolver la impugnación que solicitó AMLO, horas de espera que terminaron con una burlona conclusión: “No hubo irregularidades”. Sin embargo, YouTube y Facebook estaban llenos, me atrevo a decir, de miles de videos que evidenciaban toda la porquería que se vivió el día de la elección.

Seis años después se repitió el proceso electoral, pero de manera muy distinta: las redes sociales habían madurado y cobrado protagonismo, el descontento con el PRI era tofavía mayor y se respiraba la desesperación por un cambio en el poder; ningún mapache o compra de voto podría detener un movimiento tan grande. Finalmente ganó la izquierda.

Sin embargo, pocos valientes afirmaron que el triunfo de la izquierda era la prueba definitiva de que el INE era imparcial; la mayoría de las personas no sus omisiones de 2012, que no pudo ocultar en 2018. La desconfianza seguía —sigue— ahí. Perdón, pero no hubo “borrón y cuenta nueva”.

Por si fuera poco ese mal historial, uno sigue dudando bastante sobre la supuesta imparcialidad del INE cuando los consejeros electorales tienen grandes amistades con los dirigentes de los partidos y empresarios de oposición; cuando políticos con pésima reputación garantizan la objetividad del INE; cuando tuiteros de oposición meten las manos al fuego por los consejeros, o cuando los mismos consejeros comienzan a expresar su intolerancia por ciertos partidos y sus votantes.

Cuando se crean grupitos de amigos poderosos y se mantienen durante décadas, es imposible conseguir la neutralidad entre todos los agentes políticos en solo dos años —mucho menos cuando llega un nuevo grupito de políticos que quieren pelearse con varios empresarios y apropiarse de nuevos espacios en la política—. Siendo exagerado, hay que ser muy ingenuo para estar convencido de que existe la absoluta imparcialidad en cualquier ser humano, mucho más en un órgano político.

Cuando el INE resuelve a favor de Morena, la oposición dice que el Instituto está secuestrado; cuando el INE resuelve a favor de la oposición, Morena dice que el Instituto está secuestrado. Por la naturaleza de la política, el INE nunca ha sido sinónimo de imparcialidad; sin embargo, siendo realistas y considerando el contexto de las últimas décadas, hoy el INE está cada vez más lejos de ser imparcial.

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