Miles de jubilados y simpatizantes tomaron las calles de Buenos Aires este miércoles para exigir mejoras en sus pensiones y el mantenimiento de la moratoria previsional. La manifestación, que inició pacíficamente cerca del Parlamento argentino, se desarrolla bajo una fuerte vigilancia, con más de 2,000 policías desplegados y amplias restricciones en la zona.
El reclamo de los manifestantes no es nuevo, pero en esta ocasión ha cobrado mayor relevancia debido a la inminente expiración de la moratoria previsional, un programa que permite a personas sin los años completos de cotización acceder a una pensión.
«Cuando trabajaba me alcanzaba para vivir, ahora que estoy jubilada no. Tengo un trabajo extra para mantenerme, pero no vengo por mí, vengo por todos los jubilados que no pueden venir», expresó Mónica, una de las asistentes a la protesta.
El malestar social se ha visto agravado por la represión policial de la semana pasada, que dejó más de 120 detenidos y decenas de heridos, entre ellos el fotógrafo Pablo Grillo, quien continúa en estado grave tras recibir el impacto de un cartucho de gas lacrimógeno en la cabeza.
Las autoridades han endurecido las medidas de seguridad, restringiendo el acceso a la zona del Congreso y advirtiendo sobre posibles represiones en caso de disturbios. En estaciones de trenes, mensajes oficiales advierten que «protesta no es violencia», mientras que el Gobierno ha solicitado la detención de 29 personas acusadas de haber promovido los enfrentamientos previos. Además, ofrece una recompensa de diez millones de pesos para quienes aporten información que ayude a identificar a los presuntos responsables de los disturbios.
A pesar del clima de tensión, la marcha continúa avanzando con la esperanza de ser escuchados. Para los jubilados argentinos, este no es solo un reclamo económico, sino una lucha por su dignidad y derechos.


