El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, lanzó una ofensiva militar sin precedentes contra Irán y, al dirigirse directamente a la población iraní en inglés, afirmó que Israel “está limpiando el camino para su libertad”. Pero la pregunta que se repite entre analistas y actores internacionales es: ¿qué busca realmente Israel?
¿Quiere acabar con el programa nuclear iraní? ¿Evitar un acercamiento diplomático entre Teherán y Washington? ¿O incluso provocar el colapso del régimen de los ayatolás?
Desde hace años, Netanyahu ha hecho de Irán su principal obsesión política. Ha intentado convencer al mundo de que el régimen islámico representa una amenaza existencial. Pero incluso sus propios aliados, como Estados Unidos, han frenado antes sus intenciones de atacar. Ahora, según fuentes diplomáticas, “está completamente dentro del juego”.
Israel ha centrado sus primeros ataques en instalaciones clave: Natanz, Isfahan y Fordow. El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) confirmó daños importantes, aunque Irán los minimiza. Israel también ha eliminado a científicos nucleares y altos mandos militares. Su lista de objetivos crece e incluye sectores económicos y de infraestructura energética.
Netanyahu asegura que el tiempo corre: Irán estaría a minutos de fabricar una bomba. Pero Teherán lo niega, y agencias de inteligencia occidentales coinciden en que no ha tomado una decisión para desarrollar armas nucleares.
La ofensiva también coincide con el reinicio de negociaciones en Omán. Irán sospecha que el diálogo fue una distracción para lanzar los ataques. Voces críticas, como la del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, señalan que el verdadero propósito de Israel fue arruinar esas conversaciones. Israel atacó justo al día siguiente del plazo que EE.UU. dio a Irán para llegar a un acuerdo.
Esta no es sólo una guerra contra instalaciones: es un intento por debilitar las instituciones del Estado iraní e inclinar el equilibrio regional a favor de Israel.
Aún no está claro cómo responderá el pueblo iraní. Pero la estrategia de Netanyahu sigue apuntando más allá de lo nuclear. Su último mensaje fue claro: cada sitio, cada objetivo del régimen iraní, está en la mira.



