En un trámite exprés y sin contrapesos, el Congreso de El Salvador aprobó este jueves una reforma constitucional que habilita la reelección presidencial indefinida, extiende el periodo presidencial de cinco a seis años y elimina la segunda vuelta electoral. La medida, impulsada por el partido oficialista Nuevas Ideas, consolida el control del presidente Nayib Bukele sobre todos los poderes del Estado.
Con 57 votos a favor y apenas tres en contra, la Asamblea Legislativa —dominada por aliados de Bukele— reformó cinco artículos clave de la Constitución salvadoreña, abriendo la puerta para que el mandatario, en el poder desde 2019, pueda postularse cuantas veces lo desee.
“Gracias por hacer historia, colegas diputados”, celebró Ernesto Castro, presidente del Congreso y militante del partido oficialista.
Nayib Bukele, un político de imagen moderna y discurso provocador, se ha mantenido en el poder gracias a una mezcla de popularidad por su «guerra contra las pandillas» y maniobras institucionales para debilitar la división de poderes. Aunque en 2021 aún estaba prohibida la reelección, los magistrados de la Corte Suprema —designados por sus aliados— reinterpretaron la Constitución para habilitar su postulación en 2024, elección que ganó con 84.6% de los votos.
Ahora, con la reforma aprobada el 31 de julio, Bukele podrá perpetuarse en el poder sin restricciones legales y sin necesidad de obtener mayoría absoluta en elecciones futuras: la segunda vuelta ha sido eliminada, lo que permitirá ganar con mayoría simple.
“Este día ha muerto la democracia en El Salvador. Se quitaron las máscaras”, denunció la diputada opositora Marcela Villatoro, al señalar que la reforma se aprobó en víspera de las vacaciones nacionales, buscando evitar protestas masivas.
Desde 2022, el país vive bajo un régimen de excepción que ha permitido detenciones masivas sin orden judicial. Más de 87 mil personas han sido arrestadas en este contexto, y al menos 430 han muerto en prisión, según cifras de ONG como Cristosal.
La reforma también adelanta las elecciones generales para marzo de 2027, lo que permitiría a Bukele acortar su actual mandato y postularse nuevamente bajo las nuevas reglas. La oficialista Ana Figueroa defendió la medida asegurando que la presidencia era “el único cargo sin posibilidad de reelección” en El Salvador.
“Solamente ustedes —el pueblo salvadoreño— van a poder decidir hasta cuándo apoyan a su presidente”, dijo Figueroa, ignorando las advertencias sobre concentración de poder.
Con esta reforma, Nayib Bukele consolida una presidencia sin frenos ni contrapesos, en un país donde el poder judicial, el legislativo y hasta los organismos electorales han sido copados por sus aliados.


