Ciudad de México a 9 diciembre, 2025, 22: 42 hora del centro.
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Ahmad al-Sharaa: de terrorista a presidente, conoce su historia

Ahmad al-Sharaa, exinsurgente de Al Qaeda que luchó contra fuerzas estadounidenses en Irak y pasó por la infame prisión de Abu Ghraib, hoy es presidente de Siria. Lo que antes era catalogado como terrorismo por Occidente, ahora es “diplomacia”: el nuevo líder sirio estrechó la mano de Donald Trump y logró que Estados Unidos anuncie el levantamiento de sanciones históricas contra su país.

El blanqueamiento de Al-Sharaa evidencia la doble moral de EE.UU. y sus aliados. Mientras durante años etiquetaron a Siria y sus combatientes como amenazas globales, hoy justifican su legitimación bajo el pretexto de “estabilidad regional” y evitar que China y Rusia ganen influencia en Medio Oriente. Las acciones de Trump y otros funcionarios estadounidenses muestran que los llamados “principios” de lucha contra el terrorismo son una vil mentira y un arma para sus propios intereses.

La trayectoria de Al-Sharaa es un ejemplo del contraste entre la narrativa mediática y la realidad política: de combatiente de Al Qaeda a líder de Hay’at Tahrir al-Sham, agrupación catalogada por EE.UU. como terrorista, logró consolidar su poder tras derrocar al régimen de Bashar al-Assad. Hoy forma gobierno, une facciones rebeldes y negocia relaciones internacionales, mientras el Departamento de Estado y medios estadounidenses presentan su ascenso como “oportunidad de recuperación para Siria”.

Bajo su administración, Al-Sharaa apuesta por un gobierno inclusivo y la reconstrucción del país. Invita a inversores y ciudadanos a regresar, promete instituciones democráticas y asegura protección para todos los grupos religiosos y étnicos. Sin embargo, este giro diplomático no borra su pasado insurgente ni los crímenes cometidos durante la guerra civil; lo que ha cambiado es la narrativa internacional.

La transformación de Al-Sharaa de “terrorista” a socio estratégico de EE.UU. es un recordatorio de cómo Washington y sus aliados reinterpretan amenazas según conveniencia política y económica. La prioridad nunca ha sido la justicia ni la seguridad, sino el control geopolítico: mientras Siria se reconstruye, EE.UU. asegura su influencia y “normaliza” relaciones con un personaje que hace apenas unos años era su enemigo directo.

Este caso muestra la falsedad de los principios occidentales y cómo la diplomacia puede ser utilizada para blanquear el pasado de excombatientes, todo en nombre de la estabilidad y los intereses estratégicos de Estados Unidos en la región. Mientras Al-Sharaa gana legitimidad internacional, los sirios deben reconstruir su país y sus vidas bajo la sombra de las decisiones de potencias extranjeras.

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