Tras el alto al fuego entre Israel y Hamás, miles de palestinos comenzaron a regresar a sus hogares en la Franja de Gaza, solo para encontrarse con una ciudad prácticamente arrasada. Según funcionarios palestinos, en los últimos dos días aproximadamente 500.000 personas regresaron al norte de Gaza, donde hasta tres cuartas partes de los edificios han resultado dañados.
Para muchos, como Hanaa Almadhoun, enfermera de Gaza, el panorama es desolador. “La situación allí es muy difícil. No hay vida”, contó a la corresponsal de la BBC en Jerusalén. Calles llenas de escombros, municiones sin detonar y bloques enteros destruidos marcan el regreso de los desplazados. La propia casa de Hanaa fue destruida al inicio de los ataques israelíes, y gran parte de los negocios y viviendas de su familia desaparecieron durante la ofensiva.
Los relatos de los residentes muestran la magnitud de la destrucción. Ahmed al Jabari, que perdió su hogar construido hace 40 años, afirmó: “Todos mis hermanos se han ido, martirizados, y mis sobrinos también. ¿Qué queda en el mundo? La muerte es mejor que la lucha en la que nos encontramos”. Mientras tanto, otros vecinos como Alaa Saleh lamentan la imposibilidad de reconstruir y la dependencia de tiendas de campaña que no protegen del calor ni del frío.
Aunque decenas de camiones de ayuda humanitaria han comenzado a entrar desde Egipto, las agencias como UNICEF advierten que no es suficiente para cubrir las necesidades básicas de la población. La ONU estima que se requieren al menos 600 camiones diarios, y señalan que Israel debería abrir múltiples cruces fronterizos para agilizar la distribución de alimentos, medicinas y suministros esenciales.
La defensa civil palestina, dirigida por Hamás, continúa excavando entre los escombros en busca de desaparecidos. Los residentes coinciden en que la tarea de reconstrucción será lenta y dolorosa, mientras el impacto de la ofensiva israelí deja una herida profunda en la infraestructura, las familias y la vida cotidiana de Gaza.


