En un contexto de retos financieros, desigualdad social y crisis climática, el Impuesto Especial Sobre Producción y Servicios (IEPS) se ha convertido en una herramienta esencial para equilibrar las finanzas del Estado y fomentar conductas responsables. Como señala la Senadora Imelda Castro Castro en su columna para El Heraldo de México, este impuesto no solo busca recaudar, sino que cumple una función ética y social al gravar productos que generan daños a la salud y al medio ambiente, como tabaco, alcohol, bebidas azucaradas y combustibles fósiles.
Al imponer el IEPS, quienes consumen o producen estos bienes contribuyen a financiar hospitales, programas de prevención, educación, infraestructura y acciones frente al cambio climático. De esta manera, el impuesto se transforma en un instrumento de justicia fiscal y solidaridad, asegurando que los recursos del consumo particular beneficien a toda la comunidad, tal como explica Castro Castro.
Además, el IEPS protege la salud colectiva frente a enfermedades como obesidad, diabetes, hipertensión y problemas respiratorios, cuyo costo siempre es mayor que la prevención. Para que este mecanismo siga siendo eficaz, es fundamental garantizar transparencia, correcta aplicación y que los recursos se destinen realmente a los fines previstos, combinando crecimiento económico con responsabilidad social, subraya la Senadora.


