Hoy apareció Pablo Muñoz Iturrieta, uno de los seguidores de Javier Milei, en el Zócalo de la Ciudad de México, en el marco de la marcha del 15N. Su presencia no es casual; es una señal más de que esta movilización está siendo promovida, instrumentalizada y orquestada por las élites que han perdido privilegios con el gobierno de la Cuarta Transformación.
Lejos de tratarse de una protesta genuina de jóvenes o de la llamada “Generación Z”, lo que vemos es una operación política de derechas:
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Muñoz Iturrieta, seguidor radical de Milei, actúa como vocero internacional de los sectores que buscan recuperar poder.
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Su presencia refuerza que la marcha no fue convocada por estudiantes o ciudadanos descontentos, sino por estructuras políticas, empresariales y mediáticas de la oposición.
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Con su participación, se legitima la narrativa de que lo que se mueve no es legítimo ánimo social, sino intereses de élite, infiltrados bajo la bandera juvenil.
Este es el contexto que hay que denunciar: la marcha del 15N no es espontánea, ni orgánica, ni juvenil. Es la reutilización del descontento para favorecer a quienes estaban en la cima y lo perdieron, y la aparición de Muñoz Iturrieta en el Zócalo confirma que esta batalla es transnacional, antigua y bien financiada.


