Ciudad de México a 6 febrero, 2026, 23: 10 hora del centro.
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¿Está Spotify financiando la guerra en Israel?

En medio de las masivas movilizaciones internacionales que exigen el fin de la ocupación israelí en Palestina, el rol de las grandes corporaciones tecnológicas y culturales vuelve a quedar expuesto. Spotify —la plataforma musical más grande del mundo— se encuentra en el centro de la polémica tras revelarse que su fundador y CEO, Daniel Ek, ha invertido cientos de millones de euros en empresas dedicadas al desarrollo de inteligencia artificial militar, incluida tecnología que hoy está al servicio de gobiernos alineados con Israel y la OTAN.

La controversia comenzó en 2021 cuando Ek anunció públicamente una inversión de 100 millones de euros en Helsing, compañía europea dedicada al desarrollo de software militar, inteligencia artificial y sistemas de vigilancia. Desde entonces, informes periodísticos apuntaron que la empresa ha trabajado con gobiernos que participan de conflictos armados como el de Ucrania, así como con estructuras militares occidentales que mantienen vínculos estratégicos con Israel. La narrativa oficial habla de “defensa de democracias liberales”, pero críticos señalan que estas herramientas tecnológicas fortalecen un aparato bélico que opera con lógicas de ocupación y control.

Las denuncias crecieron cuando artistas y usuarios descubrieron que Spotify había retirado canciones con contenido pro-Palestina tras la presión del grupo sionista “We Believe in Israel”. Raperos como Lowkey —frecuentemente atacado por sectores pro-Israel— fueron censurados en listados de la plataforma, provocando la reacción pública de figuras como Roger Waters, Mark Ruffalo y el académico Noam Chomsky. Para críticos y activistas, el hecho reveló una tendencia: mientras Israel intensifica ataques en Gaza y Cisjordania, las empresas tecnológicas occidentales adoptan posiciones de silencio o alineamiento político disfrazadas de “moderación de contenido”.

Artistas rompen con Spotify: un boicot que crece en Europa

Euskadi ha sido uno de los focos más fuertes de respuesta. Más de 162 grupos musicales —unos 650 artistas— agrupados en Musikariak Palestinarekin anunciaron en 2025 su decisión de retirar toda su música de Spotify después de que se confirmara que Daniel Ek destinó cerca de 700 millones de euros a una empresa desarrolladora de drones e inteligencia artificial de uso militar. Entre quienes se sumaron destacan Fermin Muguruza, La Furia y Jon Maia, figuras de amplia trayectoria en la música vasca.

Durante la presentación del colectivo, sus portavoces denunciaron que mientras Israel intensifica una ocupación que ya ha provocado miles de muertes civiles, las plataformas que controlan el acceso global al arte están vinculadas —directa o indirectamente— a la industria de la guerra. “El genocidio no puede ser música de fondo”, señalaron, recordando que las inversiones de Ek fueron “la gota que colmó el vaso”.

Spotify respondió con un comunicado señalando que Helsing opera para la “disuasión y defensa europea” y que la empresa tecnológica no está “involucrada en Gaza”. La aclaración no convenció a los músicos.

“Si para Spotify no somos nadie, queremos que Spotify tampoco sea nada para nosotras”, expresaron artistas vascos, subrayando que el boicot no es solo moral, sino una herramienta política de resistencia cultural.

Boicot, solidaridad y la responsabilidad del mundo del trabajo

El boicot a Spotify se suma a una ola global de llamados a dejar de consumir productos de empresas que operan o colaboran con el Estado israelí, entre ellas Starbucks, McDonald’s o Coca-Cola. Para organizaciones anticapitalistas y movimientos de solidaridad internacional, estas medidas son simbólicas pero importantes para visibilizar la complicidad económica y tecnológica que sostiene la ocupación.

Collectivos juveniles y sindicatos palestinos han pedido a la clase trabajadora mundial que no limite su apoyo a acciones individuales, sino que impulse medidas concretas como la suspensión del transporte de armas o insumos militares. Ejemplos ya existen: trabajadores portuarios en Barcelona, sindicatos ingleses y operarios belgas han bloqueado cargamentos destinados a Israel; empleados de Starbucks en Estados Unidos convocaron una huelga de 24 horas en nombre de Palestina.

Un modelo cultural en crisis

El debate sobre Spotify trasciende su catálogo musical. Los críticos sostienen que la plataforma —que lucra con la creatividad de millones de artistas y con el consumo cultural global— utiliza parte de sus ganancias para financiar industrias armamentísticas que operan en zonas de guerra donde Israel mantiene políticas de ocupación. Para muchos artistas, esta contradicción ética vuelve insostenible permanecer en la plataforma.

Mientras continúa la ofensiva israelí en Gaza y aumenta la presión internacional por un alto al fuego, el boicot cultural crece y se extiende por Europa y América Latina. Y con él, una pregunta de fondo: ¿puede una industria que se alimenta del arte, la libertad creativa y la diversidad cultural seguir financiando tecnologías utilizadas en escenarios de opresión y violencia?

La respuesta de cientos de artistas es contundente:
el arte no puede financiar la guerra. Palestina viva no puede ser un eslogan: debe ser una exigencia global.

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